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ATHLETIC 2-1 RACING
El Athletic da un paso casi definitivo para la salvación en un partido desquiciado por el árbitro
27 de abril de 2009

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JON AGIRIANO.-

A falta tan sólo de la rúbrica que lo haga oficial, el Athletic se ganó ayer ante el Racing el certificado de la salvación. Lo hizo en un partido lleno de charcos que, con el tiempo, cuando la memoria complete su programa de centrifugado, se recordará por el siroco sahariano que le pegó al árbitro González Vázquez, protagonista delirante de la mayor exhibición de tarjetas que uno recuerda. Ahí es nada: una roja directa a Orbaiz y ¡17! amarillas, cuatro de ellas por partida doble a Yeste, Marcano, Pinillos y Pereira. Le dan media hora más al hombre y ordena la retirada del busto de Pichichi, como hizo también con el preparador físico del Racing, Fernando Gaspar Laborie.

Bromas aparte, la última tarjeta del colegiado gallego fue como para que el Comité de Árbitros revise el video y actúe de oficio. Metido en un desquiciado más difícil todavía -sin manos, sin pies, sin cabeza...-, la segunda amarilla a Pereira la sacó estando de espaldas a la jugada, sin ver siquiera la acción del delantero racinguista, sin más justificación que el griterío del público. Algo lamentable.

Hay que hacer un esfuerzo de concentración para olvidarse del árbitro y recordar el partido, pero es obligado hacerlo. Y no sólo por la enorme importancia de los puntos, que dejan al Athletic en una situación inmejorable en su pelea por la salvación -crecido, Joaquín Caparrós dio a entender en la sala de prensa que la cosa ya está hecha-, sino porque la primera parte de los rojiblancos merece un apunte. Lo merece, sobre todo, el propósito de enmienda que se advirtió al equipo bilbaíno desde el pitido inicial.

San Mamés sólo tardó unos segundos en comprobar que el Athletic no iba a repetir esta vez la filfa que protagonizó ante el Deportivo. Aquellos 45 minutos de indolencia y confusión, unidas a la posterior derrota, desataron todas las alarmas hace apenas ocho días. Ayer fue justo lo contrario. Activados por la victoria en Soria, conscientes de que la salvación estaba a un único zarpazo de distancia, los jugadores del Athletic entraron al partido convenientemente enchufados. Como es su obligación. Con ello tuvieron suficiente para pasar por encima de un Racing que salió al campo a mascar chicle. Con Colsa y Pereira en el banquillo, los cántabros ofrecieron su peor versión. Parecieron un equipo que ha bajado la persiana y está de veraneo. Sólo en la segunda parte ofreció el Racing una imagen digna.

Regalos Coltorti

El Athletic mereció sentenciar durante una primera parte en la que todas las ocasiones fueron suyas. El Racing ni se acercó a saludar a Iraizoz. Todo el trabajo fue para Coltorti, un suizo enorme y limitadísimo que, por esas cosas de la vida, de las secretarías técnicas, de los representantes y de los vendedores de crecepelo, es portero titular de un equipo de la Primera División española. Los rojiblancos agradecieron la presencia de Coltorti, que comenzó el partido a lo grande, dejando que Llorente le rebasara por alto y rematara al larguero en el minuto 7. A partir de ese momento, el suizo decidió no salir del área pequeña ni aunque le arrojaran agua hirviendo. Llorente le remató a cinco metros un córner en el minuto 13, pero ni por esas. Y se llegó así al minuto 20, cuando el Athletic, dinámico y tenso, percutiendo bien por las bandas, prosperó por el carril izquierdo. Koikili colgó un centro bombeado. El balón iba flojo, pero Coltorti no se asomó y Llorente pudo dibujar un cabezazo perfecto y marcar el 1-0.

El gol no cambió el guión del partido. En realidad, todo siguió igual. El Athletic mandaba. Lo hacía por una cuestión muy básica. A diferencia de lo ocurrido ante el Deportivo, allí había muchos jugadores con ganas de pedir el balón y de hacer cosas. Susaeta, por ejemplo. No estaría mal que el eibarrés entendiera de una vez su obligación de ser alguien importante. De que lo consiga o no dependerá que sea un gran futbolista o un esporádico lanzador de petardos.

El Racing, mientras tanto, continuaba a lo suyo, que era la nada. Ello provocó el desquicie de algunos de sus jugadores. Sólo así se explica, por ejemplo, el penalti que hizo Lacen a Llorente en el minuto 41, uno de los más claros y absurdos que se ha visto en San Mamés en mucho tiempo. Ya estaba el riojano encimado por tres defensas, casi sin opciones, cuando el medio centro racinguista le pegó un patadón de escalofrío. Ver para creer.

A diestro y siniestro

Era el minuto 41 y el 2-0 de David López pareció la sentencia final. Todo indicaba que la segunda parte iba a jugarse a beneficio de inventario. Pero el Racing no quiso resignarse a su papel de muñeco de feria. Con Colsa y Pereira en lugar de Moratón y Serrano, el equipo de Muñiz se quitó el disfraz de fantasma y se puso a pelear. El Athletic tuvo que remangarse. Fue entonces cuando acabó de entrar en escena González Vázquez pitando un penalti inexistente de Yeste y mostrando la segunda amarilla al basauritarra. Pinillos hizo el 2-1 y al Racing se le afiló el colmillo. El Athletic se puso entonces a practicar ese 'otro fútbol' que tanto le gusta a Caparrós, que no es otra cosa que una sucesión de pérdidas de tiempo y dramatismo andaluz bastante insoportable. La refriega, a la que se incorporaron el debutante Bóveda y Murillo, se fue enconando hasta que al árbitro le dio el siroco y, en el campo, ya sólo se vio a un señor de 'negro', disparando a diestro y siniestro.

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