
Y a estamos otra vez preguntando qué ha hecho el 'Recre'. Y el 'Geta'. Y el Numancia. Triste consuelo vivir de las desgracias ajenas. Las únicas alegrías nos llegan desde el videomarcador. Los partidos del Athletic, de un tiempo a esta parte, son todos iguales. Malos. Mal arbitraje. Mal juego. Mal resultado. No le ganamos a nadie. Ni a los grandes ni a los pequeños. Nos despeñamos en los Alpes y no podemos ascender el modesto Pagasarri de un Dépor que ofreció su versión más inofensiva y rácana de los últimos tiempos. Nos ganan con nada. Con 8 puntos de 36, la etiqueta de peor equipo de la segunda vuelta se la ha cosido este equipo al pecho junto al escudo reivindicativo de la Copa de 1902.
Por perder, hemos perdido hasta la fortaleza defensiva que supuestamente justificaba la clamorosa falta de juego de la era Caparrós. Veamos los números, como le gusta a 'Jokin'. Con la friolera de cincuenta y dos goles encajados, el Athletic es uno de los tres peores en esta faceta. Con la del sábado, son ya quince jornadas consecutivas recogiendo chicharros de las redes rojiblancas. A siete jornadas del final, somos uno de los cinco peores y el objetivo es no bajar a Segunda. Estamos como estábamos hace dos años. O tres. Nos han tocado de todo, menos las bolas. Las del sorteo, digo. Señor, qué cruz.
La alfombra mágica de la Copa ha sido un maravilloso e inesperado regalo con el que volaremos todos juntos hacia Valencia. Bueno, todos no, que esa es otra. Pero esa alfombra ha servido también para ocultar muchas cosas bajo su manto. Por ejemplo, las escandalosas carencias de juego, las limitaciones a la hora de combinar, templar y mandar que tiene este equipo, con la bendición de su patrón. Con cambios como los del sábado, no me extraña. Aquí el nivel de exigencias va por barrios. A algunos les está prohibido fallar un pase. Precisamente, a los que piden la pelota y asumen riesgos. A otros se les jalea hasta cuando la mandan a la Misericordia. Qué cosas.
El caso es que yo, esta noche, apuesto por un triunfo de nuestro Athletic. Será cuestión de buena fe, como la que exhibe el presidente para explicar lo del sorteo de las entradas. En el mejor de los casos, ha sido una chapuza. Esta vez, el orden de los factores alteró el producto. Y no hace falta ser Einstein para comprenderlo. Los últimos, como en el precepto bíblico, serán los primeros en alcanzar el reino de Valencia. Eso sí, en Ibaigane están tranquilos. No esperan impugnaciones. ¿Es eso lo que les preocupa?. ¿O que los fallos del sorteo afecten más a su imagen que a los derechos de los damnificados?.
Para buena fe, la de esos socios que se quedarán en casa, la de los miles de seguidores y peñistas que no podrán viajar a Valencia. Ellos son la infantería que llevó en volandas al equipo a una cita histórica de la que no podrán ser testigos. Complacerles a todos era misión imposible. Hacer peor el reparto, también.
Ahora toca hablar en el campo. La final se juega en Los Pajaritos y el rival no es el Barça. Es el Numancia. Se la contaremos esta noche, en La Sexta. Hay que ganar. En la Liga, llegar los últimos no tiene premio. Vamos, Athletic. A por ellos.
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