
No es muy alta. Mide 77 centímetros. Tampoco goza de un cuerpo estilizado. Ni posee unas orejas atractivas. Su piel es blanquecina, plateada. Y encima sólo se deja ver una vez al año. Sin embargo, más de ochenta equipos se pelean, luchan, por seducirla temporada a temporada. Paso a paso, sólo los dos más fuertes resisten y se baten en duelo para llevársela a casa. Esta batalla se escenificará el 13 de mayo, en Valencia. Los elegidos esta campaña son el Athletic y el Barcelona. Y ella, la Copa del Rey, ya se prepara para ese cortejo. El trofeo se está sometiendo a su habitual maquillaje, se está poniendo guapo para la final.
Esta puesta a punto se desarrolla en el hogar de su creador, en la joyería Alegre, en pleno Madrid castizo, junto a la Puerta del Sol, donde las tascas tradicionales compiten con los multinacionales de comida rápida. El título llegó a este establecimiento el miércoles, procedente de la sede del Valencia, vigente campeón. Aún se conversa el baúl de madera en el que se transportó, con el precinto del club de Mestalla. Una pegatina desvela que Seur efectuó el porte y que el paquete, convenientemente embalado, pesó 20 kilos, el doble que la Copa.
Después de una revisión ocular para hallar posibles deficiencias, la 'restauración' arrancó ayer, con EL CORREO como único testigo en el taller situado en el tercer piso de un edificio copado por esta 'empresa': tienda de trofeos en la planta baja, despachos en la primera... Allí esperaba la copa, al lado de la Superliga femenina.
Sencillo
Esa 'reparación' es un proceso breve que finalizará el viernes, según calcula Federico Alegre, tercero de una estirpe de joyeros. Repaso minucioso. Clínico. «Es normal que llegue con algunos 'golpecillos', pero hay que felicitar al Valencia por cómo la ha entregado», asume este hombre. Son daños propios de cualquier celebración. Vuelta de honor por el estadio, visita al ayuntamiento... «Yo soy partidario de que la copa se pasee -apunta-. Eso significa que están orgullosos de ella, que la dan importancia. Fíjate en el Betis, que se la llevó a la boda de Joaquín. Y si la ganáis vosotros -trata al periodista como si fuera un miembro más del Athletic-, la pasearíais por todo el País Vasco. Eso es lo bonito», se satisface Alegre, de 46 años, desde los 17 en el negocio familia.
Más joven es el trofeo al que tratarán de encandilar la tropa de Joaquín Caparrós y el grupo de Pep Guardiola. Se cinceló en la temporada 1990-91. Sólo hay otro igual, propiedad del Barcelona desde 1990, catorce ediciones después de la creación de un campeonato que surgió en 1976 (la final que perdió el Athletic ante el Betis en 1977), tras la muerte de Franco.
Pablo Porta, presidente de la Federación Española de Fútbol, telefoneó al padre de Federico, del mismo nombre. «Ya habíamos hecho la Copa del Generalísimo y Porta le llamó y le dijo que se iba a crear un nuevo torneo: el Campeonato de España, Copa de S. M. El Rey. Presentamos tres o cuatro bocetos y se eligió el actual. Sencillo. Simple. Si te mandan dibujar una copa, te sale ésta», sintetiza Alegre.
Es el prototipo. La imagen que cualquiera tiene en mente y de la que sólo pueden disfrutar los aficionados del Barcelona desde 1990, cuando su equipo conquistó por quinta ocasión la Copa del Rey. Un título del que las escuadras se adueñan si lo recaudan en cinco ocasiones alternativas (como los catalanes) o tres seguidas. El que gane este año, en cambio, la devolverá, como el club 'ché', tras gozar once meses de ella. A cambio, recibe una réplica de menor tamaño (como la que figura en el museo del Athletic de 1984) y su nombre se adosa a la peana de madera.
Ése es uno de los procesos que efectuará el equipo de Federico Alegre, «compuesto por tres o cuatro personas»; soldador, grabador... Atornillarán una chapa, también de plata, de siete por tres centímetros. 'Valencia, campeón, temp. 2007-08'. A su derecha, en 2010, aparecería el sello del triunfador del 13 de mayo, justo debajo del que recuerda la victoria del Barça en 1998.
En el taller madrileño, también se pulirá la copa para adecentar la plata, materia prima del trofeo. El oro se deja para el escudo de la Casa Real que luce en el 'pecho' y la parte interior. Ese emblema se repasará. «Le daremos un baño dorado, porque después de un año pierde un poco el brillo», explica Alegre. A la vez, quita el escudo y aparecen unas manchas blancas, que los especialistas harán desaparecer. «Son marcas de oxidol o tornosil, productos que habrán empleado en Valencia para limpiarla», expone este joyero.
Ésa es la labor visible, como también se notará el esmaltado negro en la inscripción central: 'Campeonato de España, Copa de S.M. El Rey'. «Y este año quizá cambiemos la peana de madera maciza. Se hace cada cinco o seis años, pero igual este año toca», descubre el nieto del fundador de esta 'factoría' que se inauguró el 13 de octubre de 1940. En ese caso, las 18 chapas actuales (falta aún la del Valencia) se desatornillarían y se pondrían en la nueva base, que se une a la copa con un espárrago metálico. A rosca. Además, el pie está reforzado con «un tubo de latón». «No es un elemento del trofeo, pero lo ponemos para evitar que se rompa», resalta.
-¿Ha llegado alguna vez destrozada?
-Me acuerdo de un año que Luis Enrique la dobló. Es normal. Todos la quieren tocar y el cuello es muy estrecho. No es igual que la Liga, que se entrega en el primer partido del año que viene. Ésta la puedes recibir después de haber marcado en el descuento, de haber ganado a penaltis... Al hacer la fotografía todos se apoyan en ella, clavan la peana en el suelo... Sufre mucho.
Y él con ella.
En un búnker
Aunque se produzca una rotura -una de las orejas, por ejemplo-, o un acusado deterioro, Alegre respeta los elementos originales. «Se repara. Hay que mantener la esencia. Sólo se sustituye la peana», incide. De esta manera, el proceso se acaba. Concluye. El trofeo ya está bonito. Guapo. Listo para partir al palco de Mestalla. «La dejamos impecable», se enorgullece. Hasta entonces, se guarda en una cámara acorazada emplazada en la primera planta del edificio. «Nunca nos la han robado -asiente, mientras busca madera en su taller-, pero todos los días, la metemos en una caja fuerte, con otras joyas y elementos de plata. Es un búnker».
Sólo queda que la Federación la reclame. Lo suele hacer una semana antes de la final. De momento, Alegre desconoce cómo viajará el trofeo a la capital levantina. Pero él tiene sus preferencias. «Siempre hay alguien de la organización que va a Valencia. En ese caso, se embala bien y se mete en el asiento trasero del coche», explica.
-¿Y cuánto vale el trofeo?
-Eso es relativo. La pregunta es '¿cuánto pagaría un equipo, el Athletic, por ejemplo, por tenerla?'. Se valoró en 10.000 euros, pero si tenemos en cuenta que llevamos 19 ediciones... ¡Es barata!
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