
Su cara le delataba. Era una de los socios agraciados con una entrada para la final de la Copa del Rey. Cuando José Ángel Iribar, la mano inocente, extrajo por segunda vez las cinco bolas blancas guardadas en esferas rojas y compuso la cifra '04.842' sus ojos se encendieron. Brillaban. Eran las siete y cinco. Una risa floja se apoderó de su cara. Le había tocado. Su número entraba en el grupo. De inmediato, echó mano de su teléfono móvil. Mandó un par de mensajes de texto, a las dos amigas que se habían apuntado con ella en el mismo conjunto. Izaskun y sus compañeras se van a la final. «Ahora a ver cómo pagamos el viaje», concedió mientras salía de Ibaigane.
Su cabeza ya maquinaba el medio de transporte, el alojamiento... Dos problemas que no tendrá Iñaki Blanco, otro afortunado que ya había reservado un apartamento y un autobús para desplazarse a Mestalla. Entró con tres amigos, también socios, en la abarrotada sala de prensa del palacio de Alameda Mazarredo, que congregó a más medios que en muchas comparecencias públicas que se desarrollan ahí. No cabía nadie más.
Los fotógrafos y los cámaras de televisión pugnaban por la mejor imagen en el coqueto recinto. Iñaki estaba en una esquina, sudadera del Milan y camiseta de entrenamiento del Athletic por debajo. Siempre rojo y blanco. Como Izaskun, cuando salió el '04.842' una sonrisa irradió de su rostro. «Poder ir a una final del Athletic es lo máximo», se felicitó. A los 31 años, no lo ha vivido. «Me acuerdo que a las celebraciones me llevaba mi ama de la manita», evocó. Eso sí, la alegría de este santurtziarra, que se inscribió el primer día por la tarde ('5.854'), no era completa. «Hombre, te queda pena por los amigos...», adelantó.
Tampoco los 'camaradas' del veterano Ildefonso Abaitua, de «casi» 67 años, entrarán en Mestalla. Él sí. Gracias al '5.450'. Él presenciará en directo la «séptima u octava». Y es que es de una época pasada, de triunfos, de glorias continuas en Bilbao, de cuando lo raro era que el Athletic no llegase a la final. «Pensaba que no iba a ver otra final. He estado en la del Elche, la del Castellón, la del Barça...». De esa guarda unos recuerdos especiales. imborrables. «Fue muy bonita. Nunca se me olvidará aquel gol de Endika y, sobre todo, el 'cabreo' de Maradona y compañía», se reía. Aunque su cara cambia con el pronóstico para el 13 de mayo. «No creo que ganemos. El Barcelona es mucho Barcelona. Con que nos dejen buen sabor de boca... Me conformo», aceptó este hombre, camisa de rayas y un pin de su equipo «del alma» en la solapa de su chaqueta.
«¿Hay bolas calientes?»
Él fue uno de los socios que, con su registro en la mano, siguió el sorteo en el palacete. Había tensión. Tras la explicación de la metodología por parte del notario, Antonio José Martínez Lozano, alguien soltó: «¿Hay bolas calientes?». El fedetario regateó. «Están todas frías». Risas. Acto seguido, Martínez Lozano presentó a Iribar, encargado de repartir fortuna. «Un monstruo del club». Sacó 26 números, uno más de los previstos, debido a que en una de las extracciones el histórico portero sacó el '6' en la unidades de millar. Pero no valía, pues en las decenas de millar había salido un '2' y sólo había '25.746' carnés que optaban a una localidad. De hecho, el carrusel de 'doses' generó algún comentario: «¡Otro más!».
No fue Iñaki Arce el que lo dijo. Sentado al lado de Ildefonso, en las primeras filas de la sala de prensa, tenía el registro '24.316'. Al principio, pensó que no le había tocado. Dudó. «A ver». Poco después, ya supo que iba a disfrutar de su tercera final. «Me fastidia tener que ir solo y no con la mujer. Pero...», se conformó, mientras posaba con su tocayo e Ildefonso delante de la vaca que da la bienvenida a los visitantes de Ibaigane. Los tres eran felices. Flashes y más flashes. «Yo que siempre huyo de las fotografías en las bodas...», decía Iñaki Blanco, con la cara roja, mezcla de la felicidad y un toque de vergüenza porque sus amigos coreaban 'Iña, Iña...'. «Callad», les gritó entre risas.
Ahora, les quedan 28 días para verse sentados en Mestalla, de rojo y blanco, y animar al Athletic. Sin parar. Otros no lo podrán hacer. En ese grupo se encontraba un indignado Demetrio Incera. Socio del club, estaba siguiendo la rifa desde su casa. Cuando vio el sistema, que daba mayores opciones a los que tenían un registro superior al '20.000', entró en cólera. Cogió su bicicleta y se fue a Ibaigane a protestar. «Voy a hacer lo posible para que se invalide. No es justo. Esas personas tienen más opciones que el resto», se quejó e incluso habló de impugnarlo. «Y eso que fastidiaría a mi mujer, porque a ella sí le ha tocado». A su lado, Izaskun aceptó sus protestas. Cabeceaba. Y después de desear que no se produjesen cambios, se marchó. A soñar con la final.
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