
Un triunfo en el Reyno de Navarra habría despojado prácticamente al Athletic de la amenaza del descenso. Un empate hubiera supuesto un importante paso. Pero, aunque se perdió, el listón de la permanencia está más cerca. Joaquín Caparrós lo bajó ayer al concluir el encuentro al proclamar que con 41 puntos «será suficiente» para que el equipo continúe en Primera. Es decir, a falta de ocho partidos -cinco de ellos antes de la final de Copa- y con 34 puntos en estos momentos, bastaría con sumar dos triunfos y un empate.
La jornada treinta ha permitido rebajar en dos puntos la meta a alcanzar. Hasta llegar a Pamplona, el diagnóstico general es que hacían falta 43 puntos. Así lo proclamaba con rotundidad la pasada semana Andoni Iraola en la revista que el club entrega a los aficionados en cada partido de San Mamés.
Sin embargo, Caparrós, especialista en medir el valor de cada punto, tiene una cuenta metida en su cabeza. A estas horas, el Recreativo ocupa el puesto 18, el primero de los que caen a Segunda A, con treinta puntos. La media es uno por partido. De mantenerla, acabará la campaña con 38. Por tanto, quien concluya el curso con 41 estará tres por encima de los andaluces.
Y hay que tener en cuenta que los del Colombino reciben el domingo a un Real Madrid que lucha por la Liga y visitan después a un Villarreal en riesgo de quedarse sin Liga de Campeones. En esas dos siguientes jornadas, los rojiblancos esperan al Deportivo y viajan a Soria.
Los jugadores no parecen estar tan obsesionados como Caparrós con los números. «¿Que el míster ha hablado de 41 puntos? No quiero hacer cuentas. Sólo me preocupa ganar el sábado al Deportivo», esquivó con diplomacia Pablo Orbaiz.
Pitos a Llorente
Antes del partido, hubo un pensamiento que marcó la semana rojiblanca. Fue la frase de Llorente en la que denunció que «la afición de Pamplona siempre nos trata muy mal». Los pesos pesados del vestuario salieron los siguientes días a quitar hierro al asunto, aunque el atacante criado en La Rioja, aunque nacido en un hospital de Pamplona, ha quedado marcado para la hinchada del Reyno de Navarra.
Ayer, en cada uno de los pocos balones que controló escuchó silbidos, algo que, sin embargo, no sucedió con los ex rojillos que abandonaron Osasuna con destino al Athletic como Orbaiz y Javi Martínez.
Al concluir el partido, Joaquín Caparrós se asignó una misión. Pasar página y enterrar esta polémica. «Este campo es un sitio magnífico para jugar porque cuenta con una afición muy futbolera. Animan y aprietan mucho, pero como se hace en otros sitios, como San Mamés, el Pizjuán o el Calderón. Este es un estadio en el que todos queremos jugar». Ya que no hubo puntos, al menos que haya paz.
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