
Sobrevivir o sufrir. Desterrar de una vez el descenso o hacer que ese fantasma se convierta en una cruda realidad. Enterrar el miedo y llegar desahogado a la final de Copa del Rey dentro de un mes o temblar y enfocar todos los esfuerzos de la plantilla en escapar de la caída. Todos estos ingredientes aderezan la visita que esta tarde rinde el Athletic a Osasuna, un rival directo que se encuentra a sólo dos puntos del grupo bilbaíno. Se trata de un encuentro en el que los rojiblancos se juegan protagonizar ese impulso definitivo hacia la salvación en pleno domingo de Resurrección. En suma, sería el alivio. Quedarse, con 37, a cinco puntos de los 42 mágicos que los analistas marcan para huir de la quema.
Y el equipo se ha conjurado durante toda la semana para recaudar este triunfo fundamental. Esencial. Porque además de favorecer los intereses vizcaínos dejaría bastante tocado a un oponente directo en esa batalla en la que se ha enfangado el Athletic después de comerse durante dos torturadores meses sin victorias la franca renta que tenían sobre las posiciones de peligro. Una pésima racha enterrada el pasado sábado frente al Mallorca con un 'once' muy similar al que alineará hoy Joaquín Caparrós. Habrá un cambio, obligatorio: Ion Vélez, con una sobrecarga en el muslo derecho, dejará su puesto a un Gaizka Toquero que acompañará en ataque a Fernando Llorente, sobre el que José Antonio Camacho activará un dispositivo especial para frenarle.
Igual que la afición local luchará por llevar a su equipo hacia la victoria. Entregados, los hinchas rojillos encenderán el Reyno de Navarra. El técnico de Utrera lo sabe, pero trata de dar la vuelta a la situación. «Habrá un buen ambiente. Anima a su equipo, com San Mamés. Son partidos bonitos e intensos. Es lo que nos gusta a los profesionales, que la gente esté muy metida y es bueno para el equipo contrario para que no se relaje», destacó el entrenador del cuadro vizcaíno, que también ha tenido que prescindir de David López, con otra sobrecarga.
Rival en crecimiento
Tranquilidad, una palabra que regresaría a Bilbao si se tumba a Osasuna, una escuadra en crecimiento. Humilló el domingo al Atlético (2-4, en el Calderón) en el colofón de un carrusel de diez partidos con sólo un tropiezo (cinco victorias y cuatro empates). De esta manera, se escapó de los puestos que conducen al infierno. «Ha dado un cambio a bien. Se nota la mano de José Antonio (Camacho) y las muchísimas horas de vestuario para conseguir que Osasuna sea un equipo muy competitivo e implicado y nosotros debemos estar, al menos, a ese mismo nivel, competir y salir con la mentalidad de ir a buscar lo máximo», exigió Caparrós a sus futbolistas, que incidió en la importancia que tendrán las jugadas de estrategia esta tarde.
Un detalle, por tanto, puede decidir el encuentro. Cualquier cosa. También la fortuna, como recordó el técnico andaluz, y como ocurrió el pasado sábado frente al Mallorca. Aunque para que esa suerte acompañe a los bilbaínos tendrán que salir de cara. «Hay que salir a por los tres puntos. Siempre hay que aspirar a lo máximo cuando se sale al campo», proclamó Caparrós. Y lo máximo sería un triunfo para sobrevivir y escapar de la quema. La salvación.
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