
En diciembre de 2004, su segunda temporada en el primer equipo del Athletic, Andoni Iraola (Usurbil, 1982) no las tenía todas consigo. «Acabaré Derecho antes de considerarme titular». El aspirante a letrado confiaba más en los libros de texto que en sus piernas. Al fin y al cabo, se las podían romper. Decidió jugar con la cabeza. Completó una magnífica temporada en el año de su debut y volvió a hacer lo mismo en su segundo curso, en la universidad de San Mamés, con Ernesto Valverde de decano. El gran valedor y uno de los descubridores del lateral guipuzcoano. Pronto tuvo su birrete y se graduó con nota en la carrera de futbolista; la otra, la del abogado, ha depositado en el cajón de los intentos. «Me da rabia, pero veo difícil continuar», confesó el pasado mes de enero. «Casi me siento ya un ex estudiante».
De momento, que no es poco, cumplirá ante Osasuna 200 partidos en Liga con la camiseta del Athletic. Su 'pupitre', el lateral derecho. Podía haber sido interior, incluso delantero -Caparrós abusó del chaval nada más llegar y le puso de centrocampista ante el Getafe-, pero fue Valverde quien dio con la demarcación perfecta. Iraola siempre relativiza su ubicación en el campo, «juego donde me lo pide el entrenador», pero lo cierto es que se siente cómodo en la retaguardia. Allí abajo, donde chocan los trenes, se ganó la internacionalidad absoluta. Del Bosque apostó por su fútbol, reverdecido tras un par de temporadas grises, para tener a un jugador que «sabe asociarse y tratar bien la pelota». Con algún que otro parón, viaja en el tren con destino a Sudáfrica.
El Athletic le fichó del Antiguoko, donde coincidió con Xabi Alonso y Mikel Arteta, uno de los caladeros de talentos en los que solía pescar el club rojiblanco. El conjunto donostiarra disputaba la Copa juvenil de España ante el Real Madrid y José María Amorrortu y Ernesto Valverde fueron a ver al defensa, que entonces jugaba de interior. En seguida les gustó. Olieron el futuro e Iraola acabó en Lezama. Su progresión fue meteórica, aunque jamás dejó de tener los pies en el suelo. Inteligente, amable y cercano, cualidades que aún estila en su proceder, nunca olvidó sus raíces. Humilde como pocos. Llegó al primer equipo en la temporada 2003-2004 y, pese al gran revuelo que había causado, optó por seguir viviendo en la habitación que tenía en la residencia de Derio. Subía a los chavales en el coche y les acercaba a Lezama. Poco ha cambiado desde entonces.
A Iraola, como a la gran parte de la actual plantilla del Athletic, le ha tocado vivir momentos de gloria y de auténtico martirio. Sus dos primeras temporadas en el primer equipo fueron fabulosas y los 'grandes' empezaron a fijarse en un chaval que defendía, centraba, atacaba y, además, marcaba. Hizo cinco dianas en el año de su debut y en la campaña siguiente, la de su confirmación, añadió otras cuatro. Y entonces se fue Valverde, el hombre que apostó por él, y el de Usurbil oscureció su juego. El equipo entró en el túnel, en la lucha por la supervivencia, las catacumbas de Primera División. El lateral seguía apagado, sin cobertura. El teléfono dejó de sonar. «Los jugadores no estuvimos al nivel que teníamos antes. ¿Las causas? No me las sé, de verdad», se sinceró mucho después.
Equipos interesados
Antes, sin embargo, le salieron un porrón de 'novias', aunque las ofertas no llegaron a concretarse. En su momento, mucho antes de la 'era' Benítez, se hablaba del interés del Liverpool y en 2006 fue el Valencia el que se aproximó al jugador. El Athletic reaccionó de inmediato y anunció que jamás vendería al futbolista por el precio que se pagó por Asier del Horno. Conviene recordar que el gallartino acabó en el Chelsea por 12 millones de euros, cantidad que Ibaigane consideraba insuficiente para traspasar a Iraola. Su cláusula actual es de 24 millones y, de nuevo, equipos de renombre empiezan a cortejar al lateral.
Y entonces llegó Fernando García Macua, que acabó con los contratos blindados -una sangría para la economía del Athletic- y acuñó el término 'jugadores estratégicos'. Susaeta, Ustaritz, Llorente, Javi Martínez, Amorebieta... ¿Falta alguien? Allá cada uno con sus quinielas. Iraola acaba contrato en 2010 y el club todavía no ha iniciado las maniobras de renovación. Él no se pone nervioso, jamás pierde la sonrisa, su inseparable compañera vital. «Hay tiempo. Tenemos esta temporada y la siguiente para hablar». ¿Su deseo? «Estaría encantado de poder continuar aquí». Pero eso no está tan claro. Su nombre figura en la agenda del Real Madrid y de varios equipos ingleses, aunque el Villarreal parece empeñado en hacerse con sus servicios. El 'submarino amarillo' afrontaría un importante esfuerzo económico para llevarse al defensa al Madrigal.
¿Y todo esto por qué? Porque el guipuzcoano ha recuperado la chispa de antaño. Decía Valverde que, mientras estaba en el banquillo de San Mamés, el Athletic tenía un lateral que centraba -Iraola- y otro que remataba -Del Horno-. Ambos llegaron a la selección española y llamaron la atención de clubes importantes a nivel europeo. Pues bien, el '15' rojiblanco es insustituible para Caparrós, ha madurado a nivel defensivo y ha marcado cinco goles en lo que va de temporada -tres de penalti-. Además, la palabra internacional brilla con luz propia al lado de su apellido. Arrancó con fuerza y luego se apagó, pero supo rectificar para exhibir de nuevo su mejor versión. Andoni Iraola ha vuelto.
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