
En el momento más indicado, cuando más lo necesitaba el equipo y el horizonte ya amenazaba tormenta, el Athletic encontró la flor de la fortuna. Su victoria ante el Mallorca vale un potosí. Es muy probable que, dentro de unas semanas, mientras los rojiblancos velen armas para la final de Copa, haya que acordarse de que la tranquilidad comenzó a conseguirse ayer, en una tarde en la que la fortuna, que ya se sabe que siempre juega aunque no a favor de quién, hizo un formidable guiño al equipo de Caparrós. ¿Será la suerte de los futuros campeones? Habrá que pensar que sí. Mejor quedarse con esa esperanza que con la cruda realidad de un Athletic cuyo fútbol, salvo en el arranque del duelo, no pudo ser más pobre. Eso sí, su efectividad alcanzó niveles extraordinarios. Tres disparos a puerta en todo el partido y dos goles. Justo lo contrario que el Mallorca, al que los puntos se le fueron por el desagüe por su falta de puntería.
Tuvo cinco ocasiones claras el conjunto bermellón y en casi todas ellas estuvo Aritz Aduriz. El hombre se tuvo que ir de San Mamés preguntándose si le había caído encima una maldición que le impidiera ajusticiar al equipo del que nunca debió salir. Combativo como siempre y con el filo muy brillante, el delantero guipuzcoano dispuso de cuatro oportunidades, repartidas a medias en cada tiempo. Las dos primeras fueron bellos remates, un voleón con la izquierda y un magnífico cabezazo que se le fue alto por poco. La tercera fue un error, al picar en exceso un balón bien colgado desde la izquierda. Y la cuarta fue la definitiva. Jurado ya había logrado el empate y todo parecía ir decantándose hacia el equipo de Gregorio Manzano. Era el minuto 80 y Aduriz volvió a cabecear a gol . Su amigo Iraola sacó el balón debajo de los palos. Justo en la siguiente jugada, cuando el Athletic, sin Llorente y Yeste sobre el campo, tiraba de redaños para resistir y se estiraba más para defender que atacar, Javi Martínez cazó un centro de David López desde la derecha y batió a Lux, que había salido minutos antes en sustitución del lesionado Aouate.
Así es el fútbol y, visto lo de ayer, hay que celebrarlo. El técnico rojiblanco fue el primero en hacerlo en la misma sala de prensa de San Mamés. Sus suspiros de alivio por los puntos amarrados no pudieron ser ni más sinceros ni más lógicos. Y es que pocas veces la distancia entre la victoria y la derrota se antojaba tan grande como ayer, con el pelotón de cola de la Liga convertido en una charca de pirañas. Salir un poco de ella, acercarse algo a la orilla, que es lo que hicieron los rojiblancos, vale su peso en oro. Y más cuando muy pocos en San Mamés daban un duro por un triunfo que se antojaba imposible vista la inoperancia del Athletic, que notó en exceso la flojera de Llorente, aquejado de una gastroenteritis. En realidad, la posibilidad de que el Athletic ganara apenas se sostuvo veinte minutos, los únicos mínimamente potables del equipo bilbaíno.
Fue abrirse la persiana y marcar Yeste el 1-0 al transformar un penalti por manos de Ayoze. El gol dejó al Mallorca en un extraño estado gaseoso durante un buen rato. Sin ritmo. incapaces de tejer en el centro del campo y apurados en defensa, los pupilos de Gregorio Manzano estuvieron al pairo, ofreciendo una imagen desconocida en las últimas semanas. El Athletic se aprovechó de ello para dominar y protagonizar un par de arrancadas con mucho ímpetu, pero sin crear peligro. Aouate nunca se vio comprometido. Llorente no era Llorente y se se notaba. Estaba claro que el riojano, tras pasar una noche de perros, no estaba para grandes cosas y ya se sabe que su ausencia o su baja forma son un lastre enorme para el Athletic.
Una incógnita
Se ha dicho mil veces que el fútbol es un estado de ánimo, así que no importa repetir el tópico una vez más. Sobre todo si se piensa en la transformación que provocó en el Mallorca su primera jugada bien hilada. Fue en el minuto 24 cuando a Martí se le fue alto un disparo desde el borde del área tras un bonito contragolpe comandado por Jurado, un gran futbolista. Y fue como si los isleños recordaran entonces que saben jugar al fútbol, que son un bloque bien armado más allá de sus agobios en la clasificación. Porque lo cierto es que, a partir de ese momento y hasta el final del partido, el Mallorca se adueño del balón y dominó con claridad a un Athletic que no encontró argumentos para reaccionar. Lo cierto es que no se trata de algo nuevo. Nos referimos a las dificultades del conjunto de Caparrós para jugar con solvencia. Al día de hoy, el fútbol del Athletic continúa siendo una incógnita. Eso en el mejor de los casos. En los peores es obligado contar con la fortuna para salvar los muebles.
Todo la información de la final de la copa del rey: ATHLETIC - BARÇA
© EL CORREO DIGITAL,
S.L., Sociedad Unipersonal
Domicilio c/ Pintor Losada, 7 (48004) Bilbao
Inscrita en el RM de Vizcaya: Diario 229, Asiento 159, Tomo 3823, Libro
0, Folio 200, Sección 8, Hoja
BI-26064 C.I.F.: B-95050357
Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción, distribución,
comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos
de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y
escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción
y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa
con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos,
a la que se manifiesta oposición expresa.
Contactar | Aviso legal | Política de privacidad | Publicidad | Mapa Web | Master El Correo