
A mí el Athletic me gustó ante el Villarreal, como me gustó ante el Madrid. Y no soy fácil de conformar, no se crean. Me parece que decidió salir a jugarles a dos equipos objetivamente superiores, y eso tiene sus riesgos. Las decisiones valerosas, que no temerarias, son encomiables, aunque no siempre den frutos. Yo creo que tendrá premio, a medio plazo, la decisión de no resignarse a la Liga de los pequeños, la voluntad de sentirse cualificado para tutearles a los grandes, aunque luego nos partan la cara. Este equipo tiene voluntad no sólo de darle un susto episódico a equipos superiores, como el Valencia, el Sevilla o el Atlético de Madrid, sino de instalarse, a corto o medio plazo, uno o dos años, en la Liga de los grandes. Las cosas sólo acaban saliendo cuando se intentan.
Lo que le está sucediendo al Athletic es lo que las madres de antes llamaban «crecederas». He ido a dos diccionarios y no he encontrado en ellos la acepción, tal vez un mero vulgarismo, que buscaba. El diccionario habla de aptitud para crecer, lo que viene a cuento, o de ropa que se compra a los niños pensando en que pronto van a crecer, también, pero no era a eso a lo que me refería. Los mayores, y juraría que también algunos médicos de cabecera, llamaban «crecederas» a ciertos problemas en los músculos y los huesos, repentinas fiebres, granos, malestar sin causa aparente, que asaltaba a los niños antes de que pegaran un estirón. Tal vez fuera superstición en lugar de ciencia, pero ésa es la imagen que me sirve para la idea que quiero compartir con ustedes. Las últimas derrotas no deben llevarnos al pesimismo. Son ligeros desarreglos, crecederas, señales de que el equipo está creciendo.
El Athletic salió a jugarles de tú a equipos hoy superiores. No adoptó las cautelas propias de quienes se consideran inferiores para siempre, de esos que nunca van a llegar a nada. Tal vez calculó mal sus fuerzas. Se enfrentó no sólo a equipos superiores sino también a árbitros, vamos a decir, arbitrarios. Queríamos olvidar cuanto antes al repeinado Muñiz, pero nos encontramos con el más solapado, pero ineficiente también, siempre en el mismo sentido, qué casualidad, Velasco Carballo. Qué casualidad, que aunque viera las dos manos dentro del área del equipo de casa, ambas le parecieran involuntarias (ése es el debate reglamentario, y no el argumento de Salinas, quien se diría distante no sólo del Athletic sino del fútbol, como metido en el género de las variedades, topicazos y gracietas de dudoso ingenio, sobre que los brazos estén, o no, separados del cuerpo, venga y dale, como si se le acabara de ocurrir a él y no lo hubiéramos oído nunca). Ignoro si el árbitro vio y le pareció también involuntario el codazo de 'catch' de Eguren a Gabilondo, pero en cambio tuvo vista de águila para castigar con tarjeta roja dos faltitas de Susaeta, de ésas que, en efecto, como luego dijo Llorente, en la Premier ni tienen sanción. Créanme, no soy llorica respecto de los árbitros, no me parece elegante invocarlos como «hechiceros enemigos nuestros», ahí están las hemerotecas, pero tampoco vamos a olvidar sus sucesivas torpezas, especialmente cuando hay tipos por ahí que siguen deslizando la insidia de que los árbitros nos favorecen.
A mí me parece que el Athletic jugó con toda la intensidad de que fue capaz. Presionó durante todo el partido y se atrevió a jugar al ataque incluso con uno menos. Le cazaron en dos contras, en dos balones perdidos por torpeza de ajuste en los mecanismos. Ya sé que las cosas se complican un poco, pero no creo que sea inteligente amargarnos también en la temporada de la final de la Copa. Sólo volveré a mirar hacia abajo si no quedase otro remedio, ni un minuto antes. Un amigo dijo como de broma que le parecía muy fácil la crónica de fútbol, que consistía, a su parecer, en ponerles bien a los futbolistas cuando ganan, y mal cuando pierden. Es más variado que eso. El Athletic puede ganarle, a un partido, ahora mismo, a cualquiera. Eso no significa que vaya a hacerlo siempre. Ya sé que pudiera parecer una bilbainada semejante afirmación, especialmente si consideramos que el equipo no ha obtenido un punto siquiera, a doble vuelta, con los cuatro grandes. Bueno, pues lo mantengo, y por eso tenemos expectativas verosímiles para la final de la Copa. Tal vez el Athletic hubiera sacado uno o dos puntos jugando los últimos partidos de un modo mezquino, a base de cerrojazos. En cambio salió a tutearles a esos equipos, y a mí me parece bien, aunque perdiera. Quiero pensar que está midiendo sus fuerzas, se está preparando para el estirón que viene después de estas crecederas.
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