D ebo confesar que hacía tiempo que no asistía a una deformación de la realidad tan obscena como la que hemos vivido con respecto al último triunfo del Real Madrid en 'La Catedral'. Desde la reveladora escenificación de ese icono de la perfección llamado Iker Casillas, pasando por el análisis ventajista del siempre agradecido e impertérrito Juande Ramos, hasta la sesgada, interesada -e incluso perversa en algunos casos- exposición de los hechos por gran parte de los medios madrileños.
Y para guinda del pastel, mientras varios futbolistas purgan sus supuestos 'pecados', el Comité de Árbitros premia con un destacado Barcelona-Málaga a quien no fue capaz ni siquiera de reflejar con corrección los datos estrictamente objetivos del encuentro. Resulta evidente que a este 'repeinado' asturiano, con escarapela internacional, le abundan los padrinos.
Pero afortunadamente el encuentro no se disputó a puerta cerrada. Cuarenta mil almas presenciaron y padecieron lo acontecido. Y con una grandeza sin parangón, a pesar de la provocación, únicamente arrojaron al césped la mofa que merecía tan dudosa forma de repartir ecuanimidad. Y el resto son milongas.
Hoy, aun con todo, me invade una sensación de alegría. Los dos grandes del campeonato, esos dos únicos clubes con el poder y la insolencia de amedrentar a cualquiera de los estamentos que conforman el fútbol español (repasen la historia) no volverán a cruzarse en este nuestro camino hasta la próxima campaña. Y no es poco, ya que me da la sensación de que muy escasos puntos se les van a escapar tanto a culés como a merengues de aquí a final de campeonato. Y si no al tiempo.
Y hablando de puntos bueno sería que empezáramos a sumar con prontitud, tanto para maquillar nuestro segundo paso por un 'Tourmalet' que nos castiga como el peor equipo frente a los cuatro 'gallos' de la Liga como, sobre todo, para salvaguardar un colchón que en caso de derrota podría devolvernos al indeseado escenario de las urgencias. Un punto y aparte que ojalá nos lleve a la histórica cita del próximo 13 de mayo con los deberes hechos. Porque ése, sin lugar a dudas, sigue siendo el objetivo.
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