
Al final dijo que no. «En el fútbol hay más cosas que jugar en el Real Madrid». Hacerlo en el Villarreal, por ejemplo, equipo que le mandó a la Eurocopa para ganarla. Santi Cazorla (Lugo de Llanera, 1984) dio calabazas al imperio de Chamartín y renovó con el 'submarino'. Misil del norte. Algunos le tacharon de cobarde, pero el 'ratón' asturiano prefirió seguir pensando en amarillo. «Nunca he llegado a verme de blanco», declararía poco después de su frustrado fichaje por el conjunto 'merengue'. Le creció un poco la nariz. Cámaras de televisión le cazaron mientras hablaba por teléfono con Iker Casillas.
-Bueno, trátame bien ahí. Apóyame un poco que voy de nuevo y no tengo ni idea. Hablé ahora con el Guaje (Villa) y dice que él también se viene.
Y luego se despidió.
-Mañana te mando un mensaje cuando esté allí, ¿vale? Venga, gracias Iker.
No hubo mensajes en el móvil de Casillas. Cazorla optó por quedarse en el Villarreal. Gran jugador y mejor persona. El interior es uno de los jugadores más queridos tanto en el vestuario amarillo como en el de la selección. Gusta su compañía, su carácter abierto y su sencillez en el trato. Reconoce que no lee libros, que paga cuatro hipotecas y que le pierde la fabada. El fútbol le ha permitido alejarse de la mina, en la que trabajaba su malogrado padre, y echar una mano a su madre, que se ganaba la vida limpiando colegios. «He tenido la mejor educación. Mis padres me han formado como persona y, gracias a ello, soy un tipo alegre», manifestó en una entrevista con la publicación 'Man'.
La jugada de Roig
«Apúntame a un equipo de fútbol», no paraba de rogar a su padre. Cuando cumplió siete años, un renacuajo pegado al balón, acompañó a su hermano a un entrenamiento del Covadonga y fue a él a quien eligieron. Allí comenzó la historia de Santi Cazorla, que peregrinó de un lado para otro hasta recalar en el Villarreal. Vio cómo el Oviedo de sus amores le cedía al Astur para despeñarse después hacia Tercera. Hundimiento de un histórico. Muerte clínica. Fernando Roig, presidente del 'submarino', apostó entonces por un 'pitufo' de 1,68 y completó una de las mejores inversiones deportivas de la entidad.
Y eso que al principio el asturiano se hizo el mejor amigo del banquillo. Tanto que su nuevo equipo le cedió al Recreativo, de nuevo en la carretera, para regresar después y triunfar con la elástica amarilla. Siempre acompañado de su familia, soporte vital, refugio en las noches de tormenta. Su padre, que falleció con apenas 48 años, dejó todo y acompañó a su hijo hasta Villarreal, donde consiguió empleo en Pamesa, la compañía de Roig. Y luego se fue para siempre. Un infarto de miocardio acabó con la vida de José Manuel Cazorla.
El interior, todo desequilibrio y velocidad, echó a volar y se ha consagrado como uno de los valores más sólidos del fútbol español. Tiene gol, maneja las dos piernas y acredita una capacidad de sacrificio impropia de un jugador de su clase. El Athletic le tendrá mañana enfrente. Menudo, peligroso, el único futbolista de Pellegrini que ha disputado las 27 jornadas de Liga. El 'ratón' amarillo que no quiso ser blanco.
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