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ANÁLISIS
17 de marzo de 2009
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San Mamés road
. San Mamés enteró despidió con gritos de ánimo a los jugadores tras perder con el Madrid. / JORDY ALEMANY
MIGUEL GONZÁLEZ SAN MARTÍN.-

E l partido empezó el martes, cuando el Liverpool le dio una paliza descomunal al Madrid, en la 'Champions'. Por si esto fuera poca humillación para los blancos, al día siguiente el Barça jugó una primera parte prodigiosa ante el Olympique de Lyon. Un amigo nos mandaba callar, esa noche, en el bar: «Esto hay que verlo con respeto, en silencio, como si estuviéramos en un teatro o una catedral». Fueron dos partidos extraordinarios. En el primero, el Liverpool le metió cuatro al Madrid, en Anfield, pero pudo meterle más, de haberlo necesitado. Era ese Madrid empequeñecido que ficha por cantidades exorbitantes a jugadores que nunca hubieran tenido sitio en el equipo de Di Stéfano y Puskas, el de la Quinta del Buitre, ni siquiera en alguno de esos otros más corrientes, sin grandes estrellas pero dignos y laboriosos. Pensamos que el Madrid llegaría groggy a San Mamés, era lo más razonable. Fue entonces cuando nos planteamos, era inevitable, la relación entre el Liverpool y el Athletic, entre Anfield y San Mamés. A Joaquín Caparrós debió de darle vértigo porque enseguida dijo que no había que comparar y cada uno era quien era. Eso ya lo sabemos, vaya una cosa, pero nunca está de más contar con modelos en los que inspirarse. El Athletic nunca será el Barça, pero tal vez pudiera intentar parecerse al Liverpool.

San Mamés ya se da un aire a Anfield, lo que es relativamente fácil cuando se gana, en días memorables como el del Sevilla, en los que el equipo le pasa por encima al rival y se clasifica para la final de la Copa, pero empieza a serlo también, y eso es una estupenda novedad, en días como el sábado pasado, cuando pierde por dos a cinco y el estadio no deja ni un instante de animar, a lo largo de todo el partido, y luego reclama a sus jugadores, al final, para premiar su entrega en el centro del campo, a pesar de la derrota. El Athletic perdió ante un Madrid resucitado en unos días, incomparablemente mejor del que jugó en Anfield. Eliminado de la Copa del Rey y de la 'Champions', sólo conserva alguna expectativa en la Liga, aunque sea remota. El equipo pareció conjurado para no malbaratar esa opción en la misma semana de su desastre en 'Champions'. Salieron decididos a mantener encendida esa llama a cualquier precio. Algunos jugadores, como Hunterlaar, Laas o Heinze, este último especialmente, pusieron tanto empeño que parecieron luchadores de full contact sin guantes de boxeo. El repeinado Muñiz, que no debería volver a pitarnos en varias temporadas, si hay algún atisbo de justicia en el estamento arbitral, se lo consintió todo al Madrid. En cambio, amonestó a los dos laterales del Athletic en los primeros minutos, y expulsó a Yeste al filo del descanso. Yeste es Yeste, qué les voy a contar, pero Casillas no fue ni la mitad de Casillas. El modo grotesco en que se tapó la cara con los guantes, fingiendo una agresión inexistente, fue una falta de respeto a Yeste, al Athletic, al público y a su propia y acreditada respetabilidad. Su teatral actuación sirvió de coartada para que un árbitro lamentable desnivelara el partido a favor del Madrid. Aunque no lo reconociera abiertamente, Casillas dio la impresión, al final del partido, de sentirse avergonzado.

San Mamés cada día se parece más a Anfield, especialmente cuando dedicó una postrera ovación al equipo que salió goleado de su estadio después de poner en la pelea cuanto le quedaba. El Athetic no es el Liverpool, pero no estaría mal que se propusiera serlo. Puede parecerse en la presión, el afán, el empuje, la seriedad táctica, la contundencia, el entusiasmo, el apoyo de la grada. A Caparrós debió de darle vértigo la comparación, a pesar de que pudiera decirse que es el entrenador de nuestra Liga cuyo estilo se acerca más al de Benítez. San Mamés cada día se parece más a Anfield. Canta otra vez las más diversas y deportivas canciones, y apoya al equipo vayan como vayan las cosas, es decir, ha comprendido que sólo tiene sentido ir al fútbol para disfrutar, pase lo que pase. Como en Anfield, los espectadores de San Mamés Road muestran las bufandas por encima de las cabezas, airean al viento las banderas, no sólo cuando el Athletic gana sino también, y esto es una novedad que no está al alcance de cualquiera, cuando pierde, al menos cuando gana o pierde sin escatimar el esfuerzo. El Athletic no es todavía el Liverpool, pero podría llegar a serlo. Es el equipo de nuestra Liga que más se le parece.

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