
El Real Madrid nunca había jugado en Anfield. Hasta el pasado martes se contaron en la capital historias terribles sobre cómo el público de Liverpool puede asustar a los rivales. Michel, legendario componente de la 'Quinta del Buitre' y ex director de cantera del club blanco, frunció el ceño con gesto de extrañeza cuando el lunes le preguntaron en una emisora de radio sobre el asunto. «¿Anfield? El ambiente de San Mamés es más eléctrico. Lo veremos el sábado».
El tiempo le ha dado la razón. San Mamés siguió como un volcán en erupción dispuesto a llevar en volandas a su equipo. Los aficionados rojiblancos mostraron una vez más cómo puede obrar este campo cuando se pone a ello.
Anoche volvían a San Mamés los héroes de la Copa. Misma alineación, de nuevo rival poderoso enfrente. Como entonces, en los foros rojiblancos comenzaron a lanzarse las mismas convocatorias. Había que acompañar al equipo desde el hotel al campo, había que recibir con ambiente hostil al Madrid y había que llenar a reventar 'La Catedral'.
Todo se hizo, aunque con menor envergadura en los primeros puntos del programa. Cincuenta hinchas recorrieron junto al autobús rojiblanco el medio kilómetro que les separaba desde el hotel Sheraton al estadio. Allí, el Madrid fue recibido por quinientos aficionados con dos gritos en las gargantas, 'Athletic' y 'Liverpool'.
El campo se llenó hasta arriba. Como quiera que no se trataba de un 'Media día del club', apenas hubo madridistas en las gradas. Entre ellos no estaban los 'Ultrasur', a quienes la junta directiva del Real Madrid retiró las cien entradas que les había concedido después de su bochornoso comportamiento en Liverpool, en donde agredieron a aficionados blancos, a un periodista y entonaron el 'Cara al sol' en The Cavern, la sala en la que dieron sus primeros conciertos The Beatles.
La hinchada tenía ganas de fiesta, pero enseguida se dio cuenta de que no era la noche. Las dos primeras decisiones de Muñiz fueron el prólogo perfecto de lo que iba a hacer a continuación. Un manotazo de Lass y un codazo de Hunterlaar fueron pasados por alto por el colegiado, que a cambio mostró en esos cuatro primeros minutos dos amarillas a Koikili e Iraola. El grito encolerizado de 'Así, así, así gana el Madrid' se escuchó por primera vez. Es más, según fuentes del club, el colegiado advirtió antes del minuto 10 a Ocio y Amorebieta que no acabarían el partido.
En esos primeros instantes se vio que San Mamés y la crisis blanca tenían un efecto muy negativo sobre los blancos, que jugaban muy nerviosos y al límite del reglamento. Pero en el Athletic también había tensión. Otra cosa que dejó clara Muñiz desde el inicio es que estaba muy atento a cualquier movimiento en el banquillo blanco. Al minuto uno, el asturiano se colocó ante Joaquín Caparrós para recordarle que no podía abandonar su área técnica. En la segunda parte, cada vez que se acercó por allí fue para expulsar a alguien. Primero a Ion Vélez, quien protestó porque mostrara una injusta amarilla a Amorebieta y más tarde al segundo técnico, Luciano Martín.
Desesperación
Antes, ya había sacado una roja muy discutible a Yeste por empujar a Casillas. Fue el momento de mayor tensión de la noche. El portero blanco es apreciado en San Mamés por haber aguantado la pasada campaña sin hacerse el agredido el lanzamiento de objetos en este campo y porque mandó callar a los 'Ultrasur' cuando llamaban 'yonqui' a Gurpegui este mismo curso. Sin embargo, anoche sí hizo teatro ante el basauritarra. San Mamés no se lo perdonó y le abroncó cada vez que cogió la pelota.
En medio de la desesperación, las gradas tuvieron un gesto nunca visto cuando Muñiz señaló el penalti del 2-5. Hartos de protestar en balde durante toda la noche, los aficionados decidieron tomárselo con sorna. Se pusieron en pie para aplaudir mientras Higuain colocaba el balón, cogía carrerilla y marcaba. Lo mismo hicieron en las siguientes jugadas cada vez que el colegiado señalaba algo en favor de los blancos. Pese a la goleada, el equipo fue despedido con gritos de ánimo y una ovación emocionante. En estas gradas hay más fuerza que en ninguna. Ya lo había avisado Míchel.
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