
Q uien vive cerca del mar disfruta a menudo con el esplendor de las mareas subiendo impetuosas por las rías, con el empuje del agua, los remolinos, la espuma. Está habituado también al fango, las raíces peladas, los desperdicios, el olor salobre y orgánico, ha sentido alguna vez la melancolía de la marea baja. Recuerdo la marea del siglo, que algún meteorólogo pronosticó cuando éramos niños. Nos acercamos a la playa para no ser menos que los demás, aunque pensáramos que los otros tal vez fueran unos insensatos. No lo podíamos argumentar ni actuar en consecuencia, estaba en juego nuestro prestigio adolescente. Había que hacer lo que todos, con el fin de que nadie pudiera considerarnos poco dotados para el heroísmo. Nos acercamos a la playa con las bicicletas, que nos daban alguna esperanza a los menos inconscientes, para el caso de que la marea fuera aún mas intensa de lo que habían pronosticado, incluso mayor de lo que temíamos La marea del siglo, afortunadamente, para nuestra íntima satisfacción que nos cuidamos mucho de no exteriorizar, e incluso fingimos que nos había sabido a poco, y nos metimos con los científicos que habían profetizado erróneamente, con los periodistas que la habían pregonado, se quedó en nada. Fingimos sentirnos defraudados.
Después de la marea viva del miércoles, ante el Sevilla, un memorable espectáculo, la bajamar del sábado con el Barça se limitó a una mansa retirada del agua, con un ligero remolino por la resaca. Si hemos de decir la verdad, dábamos esa derrota por descontada, por mucho que, puestos a pedir, dejáramos un resquicio de esperanza para soñar con que el Athletic pudiera haberse convertido, repentinamente, en uno de esos equipos seguros de sí que no le dan importancia a seguir ganando y ganando, tan acostumbrados a ello que no se dejan perturbar por las emociones. Todo se andará. Tal vez la del miércoles no fuera la marea del siglo. Tal vez nos esté esperando, con un desbordamiento inusitado, en la final del 13 de mayo. La única lectura positiva del mal partido que jugó el Athletic el pasado sábado es que el Barcelona haya podido interiorizar que se va a encontrar en la final con un rival de ese estilo. A toda marea alta le sucede una marea baja, a veces de proporciones disímiles en fuerza y velocidad. Al Athletic, el sábado, con la bajamar, le dieron un ligero revolcón, a medias entre el Barça y su propia resaca. Eso fue todo, puede entenderse, no hubo más historia.
Fue sorprendente, por citar una novedad significativa, el ensayo de nuevo centro del campo. No parece mala idea reforzarlo ante uno de los mejores centros del campo del mundo, el del Barça, pero tal vez hubiera sido aún mejor idea tratar de eludirlo, especialmente cuando es la táctica que el Athletic ha empleado con éxito ante equipos de menor entidad que el Barça, que ahora mismo son casi todos. Por mucho que lo reforcemos, si le disputamos el centro del campo al Barça, es posible que salgamos mareados. El Athletic lleva lo mejor de la temporada practicando un juego vertical, de poco riesgo por el centro, intentando no enredarse con el balón en los pies, enviándolo por arriba y a la inglesa hacia Llorente y su eventual escudero, salvo cuando surge alguna posibilidad de profundizar por las bandas. Se diría que con mayor razón podría haberlo intentado de ese modo ante el equipo en el que juegan por el centro jugadores del talento de Xavi o Iniesta. Siendo plausible el juego con cinco en el centro, tal vez no fuera el Campo Nou el lugar más adecuado para el ensayo, ahora que hay un sistema reconocible y de eficacia probada. El Barcelona se jugaba seguir mandando en la Liga, y el Athletic estaba cansado, no sólo por el esfuerzo del pasado miércoles sino también por esa otra resaca emotiva que nos dejó a todos, jugadores y aficionados, un poco para el arrastre. Las emociones, buenas o malas, desgastan, especialmente si no estamos muy acostumbrados. Con pocos días para paladear el pase a la final, el Atletic se vio metido en una pelea para la que no estaba todavía preparado. Queda tiempo para hacerlo antes de la batalla que realmente importa. Al Barça le esperan muchos partidos intensos, en la Liga y en la Champions. El Athletic no debe caer en la tentación de conformarse con lo ya conseguido. Le queda sumar cuanto antes, con tranquilidad, sin mayores sobresaltos, los puntos imprescindibles de la Liga, y no distraerse de su verdadero objetivo, la primera gran marea del nuevo siglo.
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