A lguna vez les he confesado que uno de los privilegios de mi profesión consiste en poder conocer a gente extraordinaria. Un personaje singular, que con el tiempo se convirtió en mi amigo, es el portero argentino Hugo Gatti. El Loco es único. Cuando nació, rompieron el molde. El arquero que revolucionó el fútbol con su juego de pies en los 60 me decía que, cada vez que saltaba a La Bombonera, iba al encuentro del abismo. El escritor mejicano Juan Villoro creía que se refería a su innata capacidad de complicarse la vida, que luego popularizaron seguidores de su escuela entre los que alcanzó fama mundial el colombiano Higuita. Puede ser. Yo creo que el bueno de Hugo se refería al torbellino de emociones que le engullía en esas dos horas. Del cielo al suelo o viceversa. Sin escalas.
Para el Athletic, como para el resto de los mortales, el Camp Nou es una especie de sima que produce escalofríos. Un K2 verde y gigantesco. Los laterales creen que la línea de banda está un metro más lejos cada año. Los delanteros visitantes corren como Oliver y Benji, rumbo a una portería siempre lejana. El coliseo blaugrana puede parecer moderno y acogedor. Es una trampa. Hasta el cronómetro parece ir más despacio. Groucho Marx, poco amante de las emociones de corte marinero, aseguraba que viajar en barco era como estar en una cárcel con el agravante de que te podías ahogar. El Camp Nou es un barco para el Athletic. Para ser exactos, el Titanic.
Los rojiblancos pelearon mientras los pulmones y la cabeza les acompañaron. Esperaron el gong final tapando sus flancos mientras aguantaban, estoicamente, el aluvión de golpes de un rival rabioso, que buscaba una goleada para ahuyentar sus propios fantasmas y recargar sus reservas de autoestima. La ocasión de Yeste (omnipresente durante los noventa minutos mientras otros estratégicos recibieron descanso en el segundo tiempo), fue el canto del cisne rojiblanco. Luego llegaron los goles del Barça. Sin demasiado glamour, por cierto. Y es que los marcaron Sergio Busquets y Undiano Mallenco. Las estrellas de Guardiola solo aparecieron en la segunda parte, con el viento de cola y un Athletic desnudo física y, sobre todo, psicológicamente. El tsunami de ocasiones desperdiciadas por los Eto'o, Henry y compañía confirmó que los más grandes también fallan goles cantados. Aunque allí no practiquen el tiro al plato con sus futbolistas más talentosos. Los culés inclinaron la cancha como si fuera un tobogán y bombardearon sin tregua ni suerte a un gran Iraizoz. El pitido final, vista la voracidad local (que les acabó costando la lesión de Puyol) tuvo un aire de inevitable alivio.
Otro admirado colega argentino, Andrés Calamaro, dice que nadar contra corriente te hace más fuerte. Por algo el himno del juglar bonaerense se titula El salmón. El sábado, el león fue un salmón. El 13 de mayo todo será diferente. Laporta, si tienes dudas, llama a Del Nido. Seguro que te confirma que la ingesta alocada de rabo de león puede tener efectos secundarios.
Y nosotros, de nuevo, a lo nuestro. Ahora hay que cambiar el chip. La mejor manera de preparar la gran final de Copa es recuperar la dinámica ganadora (2 puntos de 15 no permiten relajaciones) y cerrar la permanencia matemática cuanto antes. Comenzando éste sábado. ¿Rival?, el Real Madrid. En San Mamés. Ñam, ñam.
© EL CORREO DIGITAL,
S.L., Sociedad Unipersonal
Domicilio c/ Pintor Losada, 7 (48004) Bilbao
Inscrita en el RM de Vizcaya: Diario 229, Asiento 159, Tomo 3823, Libro
0, Folio 200, Sección 8, Hoja
BI-26064 C.I.F.: B-95050357
Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción, distribución,
comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos
de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y
escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción
y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa
con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos,
a la que se manifiesta oposición expresa.
Contactar | Aviso legal | Política de privacidad | Publicidad | Mapa Web | Master El Correo