
El éxito del Athletic en la Copa y la comunión con los aficionados, volcados con su equipo como hacía tiempo no sucedía, han despertado de nuevo el sentimiento rojiblanco entre niños y adolescentes que lo habían dejado un tanto adormecido por las renqueantes temporadas de los leones y por la ausencia de un referente claro en la primera plantilla. Las imágenes del autobús de los futbolistas escoltado por cientos de seguidores, el rugir de 'La Catedral' y la victoria ante el Sevilla para meterse en la final han abierto los ojos a numerosos chavales que empezaban a perder la fe en los suyos. Pero no sólo han podido verlo, sino que también han tenido la oportunidad de participar de una jornada histórica similar a otras que les habían oído contar a sus padres y sus abuelos.
Este escenario, quizás irrelevante para los clubes sin cortapisas geográficas en la captación de chavales, adquiere sin embargo una gran relevancia en el caso del Athletic, que necesita fidelizar a sus canteranos y potenciales promesas para formar a los jugadores del futuro. A Lezama llegan habitualmente tres tipos de niños: los de corazón rojiblanco, los que aún no se han decantado por unos colores concretos y los que animan a otros equipos de la Liga española e incluso del extranjero. Con los primeros el trabajo es sencillo. Son críos que han mamado el sentimiento Athletic desde la cuna y que se identifican con los leones por pura tradición familiar. Con los indecisos tampoco suele haber muchos problemas si el carisma de algún futbolista sirve de reclamo. Las dificultades suelen surgir en el tercer grupo, chavales cuyos padres no son del Athletic y que han sido 'embrujados' por la magia de Messi, los regates imposibles de Cristiano Ronaldo, la explosividad de Higuaín o la potencia de Fernando Torres.
El club necesitaba un hito 'moderno' para ganarse otra vez a todos los niños y para que la motivación de los pequeños canteranos creciera como la espuma. Koldo Asua, responsable de la atención al jugador en la factoría rojiblanca, corrobora la impresión de que lo sucedido en la Copa «es una garantía» para el funcionamiento de Lezama, un elemento imprescindible para sustentar el modelo y la filosofía de un club de cantera. La labor de fidelización de las promesas en un mundo globalizado y con constantes cantos de sirena de equipos con recursos ilimitados puede ser algo más llevadero si los alevines, infantiles y también cadetes que defienden la camiseta rojiblanca creen a pies juntillas en sus posibilidades y también en las del primer equipo. Y, por esta razón, haber visto a los hombres de Joaquín Caparrós superar los malos momentos y alcanzar la final puede tener un efecto tractor «muy importante».
La calle, perdida
El fútbol perdió la calle hace ya tiempo y sólo se practica en el campo a nivel escolar y federativo. Fuera de él la afición se cimenta también en los partidos por televisión y en los videojuegos. Cuando Lezama echó a andar y durante los años venideros las posibilidades de presenciar o escuchar un encuentro eran mucho más limitadas que ahora. Los niños de hoy tienen la opción de conocer las ligas de todo el mundo y de ver en acción a las estrellas del momento siempre que quieran. No es extraño por tanto que si el sentimiento Athletic no está muy arraigado los críos se fijen en otros equipos y acaben animándoles porque su futbolista favorito está en uno de ellos. Ocurre algo similar con la 'play' y otros soportes parecidos: los chavales eligen a los 'cracks' movidos por el único afán de salir victoriosos.
En este complejo contexto tienen que moverse los coordinadores de la 'fábrica' vizcaína, conscientes además de que los ojeadores están atentos al progreso de sus principales perlas para ofrecerles otras salidas. Koldo Asua explica que desde el momento en el que llegan a Lezama tanto él como sus colaboradores cuidan al máximo a los críos y a sus padres para que se sientan integrantes de la familia rojiblanca. «Hay que conseguir que se den cuenta de que no sólo les damos opciones deportivas, sino también humanas. Tienen que sentirse queridos, notar que se les cuida y que sientan constantemente el afecto. Tanto ellos como sus familias», detalla el técnico. Es un trabajo cuyos frutos suelen observarse a medio y largo plazo y, en este sentido, el éxito de la Copa puede resultar determinante.
En ocasiones se olvida que, jueguen o no en Lezama, las promesas son niños que, como el resto, seguirán el ejemplo de sus mayores. Y, como recuerda Asua, en este terreno la labor de los futbolistas de la primera plantilla es fundamental. Deben encarnar como nadie los valores del Athletic para contagiar a los más pequeños y hacerles partícipes de un proyecto «diferente» en el que «merece la pena comprometerse». «Su participación es fundamental para garantizar la continuidad del sentimiento Athletic», incide. Fueron numerosos los críos que se quedaron asombrados por lo sucedido el miércoles y por ser protagonistas de un fenómeno que superó todas las expectativas. «Es que hay que tener en cuenta que era la primera vez que vivían algo así. Eso no se olvida», añade Asua. El propio Caparrós resaltó al término del partido contra el Sevilla que se había emocionado al comprobar que algunos chavales habían ido ese día al colegio con la camiseta del Athletic. «La gente debe sentirse orgullosa del modelo de este club», subrayó también el técnico sevillano en alusión a la importancia de Lezama.
Cambios vertiginosos
El club también necesitaba un león que sirviera de modelo a los canteranos, un jugador con carisma que encandile a los chavales. Ese papel lo desempeñó Julen Guerrero en la década de los 90 pero, desde entonces, nadie había recogido su testigo. Ahora, sin embargo, la situación ha cambiado. A los buenos resultados del equipo, consumados con una final de Copa un cuarto de siglo después, se ha unido la explosión definitiva de Fernando Llorente, sin duda la mejor correa de transmisión entre el vestuario de los 'adultos' y los de los niños. Internacional y en plena racha goleadora, el delantero de Rincón de Soto encarna a la perfección los ideales de Lezama, donde llegó hace 13 años cuando era alevín. Desde entonces subió peldaños en todas las categorías hasta su debut con el Athletic en Primera, en enero de 2005, y su confirmación definitiva.
La historia de un club es imperecedera, pero ninguno puede vivir sólo de ella en un mundo, el del fútbol, que cambia a una velocidad vertiginosa. Las espectaculares imágenes de las riberas de la ría desbordadas de aficionados al paso de la gabarra han adquirido esta semana más sentido para miles de niños que las identificaban como una serie de ciencia ficción filmada en el pasado. Ahora sus padres les dicen que un momento como aquel es otra vez posible y que ellos pueden ser también protagonistas del éxito colectivo.
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