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Bilbao era ayer una ciudad feliz. Paseo por algunas de sus calles y encuentros con gentes diversas transformadas en desmelenados hinchas del Athletic
6 de marzo de 2009
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«¡Marchando un café con 'yeste'!»
El león que todos llevamos dentro asoma en el gesto de Begoña y de Berta María Revuelta tras tomarse un cafelito en la Marisquería Serantes II de Bilbao./ FOTOS: LUIS ÁNGEL GÓMEZ
JULIÁN MÉNDEZ.-

Ayer por la mañana Bilbao era una ciudad feliz.

A primera hora, los ciudadanos no sabían si mojaban el croissant o un trozo de rabo de león (buen nombre para un bollo-muy-de-Bilbao) en sus cafés con leche. Los milagros tienen estas cosas. A la gente se le pone cara de pan de molde, se exceden en las propinas y les asoma cierto aire benévolo, como de Navidad. A sus ojos, el granizo de ayer no era otra cosa que confetti celestial y los cascos de las botellas rotas en la celebración, lentejuelas de Vizcaya.

A las 9, Anatolio Alonso, un profesional como la copa de un pino, tiraba su centésimo café del día en el Scala de la calle Ercilla. «Es una alegría ver a la gente con estas caras», sonreía encima de su pajarita negra. Acostumbrado a los rostros de vinagre de los últimos meses, un armisticio de este calibre siempre es de agradecer. «Esta mañana el Metro venía lleno de juventud que volvía a casa. Una gozada», decía Alonso mientras el hincha rojiblanco que lleva dentro se le salía por la boca.

-«¡Marchando un café con 'yeste'...!», bromea un habitual.

Si uno ponía algo de imaginación, descubría que la gente caminaba por el pasillo de la cafetería con aire muy decidido y resuelto, como si subieran al pico del área para rematar un córner, sacando pecho. Algunos hasta pateaban las servilletas dándoles efecto, con sentido, contagiados por el bacilo del fútbol, y gritaban ¡gooolll! por lo bajinis después de meterle un gol al brillante reposapiés de latón.

Otros, como Iñaki Pérez, trataban de transmitir el veneno rojiblanco a sus hijos. «Creo que el bollo que acabamos de comprar tiene la mantequilla rojiblanca», decía con los ojos puestos en el pequeño Martín. «Esta noche hasta he dormido con la camiseta del Athletic. Era la primera vez que iba con ella a San Mamés. La Kappa del centenario. Fue algo único. Y lo viví junto a mi padre, el socio número 92», se esponja Iñaki. Marta, una amiga, corre a tomar café.

-«Hoy se respira a gusto. Lo que corresponde es ir a Sope y mirar las olas de 7 metros, como si fueran hordas rojiblancas acercándose a la playa. En Valencia nos esperan ya con los brazos abiertos». La dicha convierte a las gentes en poetas. Qué cosas tiene el fútbol.

Jueves 5 de marzo. Día grande. David Díaz (24 años) y Xabier Caballero (29), dos comerciales del Hotel Ercilla, dan cuenta de su tortilla de patata, de su zumito y de su Cola Cao en el Hyde Park, una cafetería con resonancias británicas y sede de la Peña Armando en Urquijo. «Esta mañana, el saludo en vez de kaixo ha sido un 'aúpa Athletic' del copón... Son muchos años soñando con algo así», suspira el futbolero David. «Tenía cuatro años cuando la última gesta. Es un día único», informa. Tanto que decidió romper la uniformidad del traje de faena azulito con una bufanda rojiblanca al cuello. Como Judith María Zapico, empleada en Orange, afónica y testigo de cargo de la gesta.

-«Esto es un regalo para toda una generación de athléticos», apunta Miguel Aller (38), el patrón del Hyde Park mientras juguetea con un viejo balón de cuero con recias costuras y pasa su vista por las históricas fotografías que jalonan la historia del club de sus desvelos. «La conversación del día no es que derrotamos al Sevilla. Nooo. Hoy se habla de que vamos a ganar la Copa», se anima Aller, muy en su papel de bilbaíno plenipotenciario.

Tortillita Koikili

De eso mismo, del desmelenado empuje futbolero, han charlado Olga González e Inés García, dos empleadas que acaban de desayunar en una cafetería subterránea de la boca del metro de Indautxu. «Hacía falta una noche así», resume Olga, muy dichosa.

¡¡¡Ahhh!!!. ¡Qué bonito es rastrear y descubrir la felicidad en la cara de las personas! Un bálsamo para quienes ejercemos este oficio tan acostumbrado a husmear en las desdichas ajenas.

-«El nene en la cama gritaba: 'mamá, oto gol, oto gol'». Padre. Novato. Y rojiblanco, anota en su libreta el reportero sobre la conversación telefónica del peatón que acaba de cazar al vuelo.

Uno entra ahora en la sede de la Peña Etxeberria. Se trata de un bar de García Rivero llamado Okela, muy animado al mediodía. Espera poder probar una tortillita Toquero, cuajada y con un par de huevos, o catar un bacalao Koikili o probar unas gildas Llorente, con guindillas riojanas muy largas y picantes, supone. Pero no. Hay confit de pato y paté con manzana y salsa de frutas del bosque y unas apetitosas minihamburguesas de pollo y pavo con salsa de yogur. ¡Qué se le va a hacer!

Argoitz Peña, Gorka Bordegaray, Erlantz Zuberogoitia e Íñigo Gardeazabal, apuran el almuerzo en un descansito de las clases de Comercio y Marketing en la Academia San Luis. «Fue tremendo. Un día que recordaremos toda la vida. La gente de nuestra edad tenemos como gran momento la remontada 4-3, frente a Osasuna. Pero lo de ayer quedará para siempre. Del Nido se tuvo que comer los 38.500 rabos de San Mamés», dice Argoitz. La frase es como una espoleta. «¡Cómeme el rabo, Del Nido, cómeme el rabo, cómeme el rabo...¡» Los más bravos piden ya el Balón de Oro para Toquero.

Profes afónicos

Sandra Baranda (17 años), Sonia Merino (17) y Laura Soto (18) confían que los profes están «afónicos porque gritaron mogollón en San Mamés», que con la victoria se han librado «de un mazo de clases» y que algún 'enrollao' ha dedicado la clase a hablar del partido. Todo es conocimiento, chico.

Pero tal vez la mayor impresión la vive el reportero al entrar en la Marisquería Serantes II. Dos señoras de edad le abordan, decididas, le contagian de su estusiasmo rojiblanco y le regalan unos caramelitos de la Viuda de Solano. Son las hermanas Begoña y Berta María Revuelta Leyva (de 79 y 83 años), que claman su afición a los cuatro vientos bajo la mirada de Antonio, el camarero. «Hay que ser sinsorgas, a nuestra edad y con estas cosas del fútbol», dicen. Y las damas se parten la caja. A una petición del fotógrafo se convierten en dos forofas que se agitan. «¡Estuvieron fantásticos. Y van a devorar a los del Barça!», claman. Vivir para ver.

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