
Joaquín Caparrós nació cerca de Sevilla, pero ya es un bilbaíno más. Anoche hablaba del ambiente de la ciudad como si la conociera de toda la vida, como si supiera con antelación que al menos uno de los goles del Athletic lo iban a marcar unos aficionados «entregados». No se conformó con vanagloriarse de las virtudes de la villa y del territorio, algo ya de por sí muy bilbaíno, sino que no dudó en convertirse en embajador del 'botxo' -y esto sí que ya es bilbaíno a más no poder- cuando, minutos después de finalizar el partido, habló ante las cámaras de La Sexta con una voz ronca por sus gritos desde el banquillo y también por la emoción: «¡Habéis visto toda la ciudad. La verdad es que es para verlo. Es impresionante!», le contestó a la periodista con un indisimulado orgullo en su mirada.
Lo dijo en caliente y a pie de campo, sí, pero luego lo repitió, ya más calmado, en la sala de Prensa de 'La Catedral'. Se mostró sonriente ante los micrófonos y, en un nuevo guiño a la seguidores para dejarles claro que ya es uno más, hizo un gesto elocuente a las gradas y les agradeció su apoyo incondicional: «Hau da San Mamés. Eskerrik asko». El andaluz nunca había dudado de la fidelidad de la hinchada, una virtud que le habían transmitido los futbolistas y el presidente, Fernando García Macua, pero lo sucedido ayer en Bilbao superó sus expectativas, con camisetas y banderas rojiblancas en todos los rincones e incluso en los lugares de trabajo. «El ambiente ha sido tremendo», resaltó en varias ocasiones cuando le preguntaron hasta qué punto el infierno en el que se convirtió el estadio había generado un cierto miedo escénico en el rival.
«Selección mundial»
El técnico rojiblanco en modo alguno restó trascendencia al impacto del clima de 'La Catedral', pero en su opinión a ese respaldo se unieron otros dos componentes que acabaron por reventar el partido: la frescura física de sus futbolistas, a los que había dado descanso el sábado para evitar expulsiones, lesiones o un desgaste exagerado, y la «fortuna» de haber marcado pronto para ganar confianza y tranquilidad. Todo ello, subrayó, ante un equipo, el Sevilla, que es en realidad «una selección mundial» integrada por grandes jugadores que están muy acostumbrados a disputar encuentros como el vivido anoche en San Mamés. «Mis futbolistas han estado a la altura de lo que se esperaba y se merecen estar en la final».
Los dibujos tácticos, los marcajes, los cambios, los sistemas... Todos estos aspectos desaparecieron en la intervención de Caparrós. Lo deportivo quedó en un segundo plano y cedió el protagonismo al corazón, la emotividad, la entrega y el derroche. «La verdad es que la gente se ha dejado la piel en todos los terrenos. Se ha presionado bien y desde su defensa, porque la idea era romper el juego del Sevilla». La clave, añadió, es que la plantilla, la directiva y el cuerpo técnico forman «una piña» que hace ganar enteros a un colectivo ya de por sí motivado. «Hemos dado otro pasito que nos hace crecer en madurez», apuntó.
El entrenador sevillano también tuvo palabras de elogio para Lezama, algo habitual en sus apariciones públicas. Lo conseguido en esta Copa, declaró, debe servir al entorno rojiblanco para depositar toda su confianza en la factoría del Athletic y para creer «en un modelo». «La gente tiene que estar orgullosa», recalcó, antes de asegurar que, sin menospreciar al Mallorca, prefería al Barcelona en la final por la entidad del rival y porque la presencia en Europa la próxima temporada estaría casi garantizada.
El rostro de Manolo Jiménez, que compareció antes que el técnico del Athletic, no tenía nada que ver con el de Caparrós. Apesadumbrado, dijo sentir «rabia y pena» por la eliminación, aunque admitió que los leones les habían «pasado por encima». «El ambiente ha sido importante, pero no mueve el balón. No hemos sido nosotros en ningún momento y, la verdad, no merecemos estar en la final después de la primera parte que hemos hecho. Me voy preocupado», reconoció.
Fran Yeste, fundamental en la victoria del Athletic, se mostraba exultante al término del partido. «Esto es un auténtico subidón», manifestó el centrocampista, quien añadió que tanto los futbolistas como la afición se merecían que el equipo regresara a una final 24 años después. El de Basauri señaló que el marcador puede resultar engañoso en cuanto al esfuerzo que tuvieron que hacer los rojiblancos par tumbar al poderoso Sevilla. «Hemos tenido que currar mucho».
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