
La gente no estaba para muchas alegrías la mañana del 12 de mayo de 2005. Unas horas antes, al filo de la medianoche, la tristeza apagó los focos de San Mamés. El Betis acabó con el sueño copero del Athletic jugando a la ruleta rusa. Ezquerro encontró la bala -imposible de olvidar aquel penalti- y Luis Fernández giró el cargador y disparó hacia la final. San Mamés enmudeció. Este periódico empezó de esta manera la crónica del día siguiente: «Jugadores e hinchas abandonaron el campo tristes, hundidos, con los ojos abrasados por las lágrimas y convencidos de que les costará volver a verse en una igual». Se equivocaron. Han tardado cuatro años, pero el fútbol les ha brindado una nueva oportunidad.
Ernesto Valverde no ha olvidado ni un solo detalle de aquella semifinal. Recuerda las ocasiones que desperdició el Athletic, los cambios que hizo, los penaltis no pitados, la imagen de un vestuario roto.... «Aquello fue terrible, un palo muy fuerte», rememora desde Atenas el ex técnico rojiblanco. Todavía se traba cuando repasa la noche del 11 de mayo, una cicatriz en la memoria. «Lo hicimos muy bien. Merecíamos estar en la final».
Entonces el fútbol les dejó fuera, ahora toca redimirse. «El equipo está ante una gran oportunidad, con muchas posibilidades». Y viaja al pasado.
PRIMER ASALTO
«Sacamos un 0-0 en el Villamarín, pero no estaba contento. Teníamos ocasiones para haber ganado o empatado a goles. Aquel partido lo jugamos para llevarnos la victoria porque el equipo estaba mentalizado y convencido de que se metería en la final». Valverde lamenta no haber marcado en el choque de ida, algo que sí ha hecho el Athletic en el Sánchez Pizjuán. «Anotar fuera de casa es fundamental». Ese mismo año, en febrero de 2005, los rojiblancos escribieron el mismo guión en la UEFA. Firmaron las tablas con el Austria de Viena en el Ernst Happel (0-0) y luego cayeron por 1-2 en San Mamés. «Pero tengo que ser sincero: nuestro objetivo era la Copa».
El vestuario no tenía dudas; los jugadores daban por hecho que se harían con la cabellera verdiblanca en San Mamés. Valverde lo corrobora. «Creíamos que la final no se nos podía escapar». El sueño se escurrió entre los dedos. Al igual que ahora, el Athletic vivía pendiente de su competición preferida. La Liga, como el cielo, podía esperar. «Sólo pensábamos en el Betis. El equipo estaba obsesionado (...) Y creo que el Athletic de ahora también está enfocado hacia la Copa».
LA NOCHE DE SAN MAMÉS
El Athletic estaba jugando bien por aquel entonces y marcaba con facilidad en 'La Catedral'. Valverde dio por seguro que, tarde o temprano, sus hombres abrirían la lata bética. «Pensaba que sólo era cuestión de tiempo. El equipo tenía gol y en ningún momento perdí la fe. Creía que llegaría en algún córner, éramos fuertes en las jugadas de estrategia, y mantuve la esperanza hasta el final». A pesar de contar con innumerables ocasiones -«recuerdo las de Llorente, Ezquerro, Tiko...»-, los rojiblancos naufragaron ante Doblas. «Simplemente, nos faltó acierto. Lo que más rabia me da es que merecimos ganar los dos partidos».
Valverde respiraba el ambiente de Copa en cada rincón de Bilbao. «Y sobre todo, en el vestuario», precisa. «Sentía que los jugadores estaban muy metidos, deseosos de meterse en la final. El público de San Mamés destilaba euforia y los futbolistas se contagiaron de su alegría». Incluso en la prórroga, el preparador de Viandar de la Vera creía en el gol. Que iba a llegar de un córner, una falta, un centro... Se equivocó. Penaltis. La ruleta rusa. Y Ezquerro dio con la bala.
FALLO Y DESOLACIÓN
Quedaban sólo dos tiradores: Ezquerro y Luis Fernández. No hace falta contar lo sucedido. Cuando falló el riojano, bañado en lágrimas, algo se rompió en 'La Catedral'. Quizás los sueños de una afición abatida, sin consuelo. «San Mamés estaba lleno -40.000 personas- y de repente se quedó mudo», evoca Valverde. «Fue terrible. Cuando ellos marcaron, nos quedamos secos». ¿Y cómo estaba el vestuario? «Muy tocado. Se había esfumado la ilusión de un año, de una temporada. Lo teníamos tan cerca... La gente como Del Horno y Ezquerro -los que marraron su lanzamiento- estaban...». Todavía le cuesta acabar las frases relativas a aquella noche.
Se le pasó por la cabeza a Valverde la posibilidad de los penaltis. Pero finalmente la descartó por pura lógica. ¿210 minutos sin goles? Ciencia ficción. «En los dos partidos opté por alternar a Llorente y a Urzaiz. En Sevilla salió Fernando y en Bilbao, Ismael. Estuve pensando toda la semana en dejar a 'Isma' en el banquillo y repetir con Llorente». ¿Por qué? «Por si llegábamos a los penaltis. Urzaiz era un extraordinario lanzador, fiable y goleador, pero al final decidí sacarle de titular». Le cambió en el minuto 96 y dio entrada al riojano. El navarro ya no estaba para asumir la responsabilidad de la pena máxima. Ezquerro falló. «Y el equipo se cayó. Era como si nos hubieran dado un pelotazo en la cara y nos fuimos al suelo. Perdimos los tres siguientes partidos de Liga... Un momento horrible».
AHORA
En este punto, de vuelta en el presente, sólo hay que dejar que hable Valverde. El discurso destila un agradable sabor a confianza. «El Athletic está ante una gran oportunidad. Tiene muchas posibilidades porque el equipo es fiable y sólido. Están a un gol de la final. En Sevilla se logró un buen resultado porque se marcó fuera de casa y todo se decidirá en un partido. En 90 minutos se puede ganar a cualquiera».
¿Se acuerdan del inicio de la crónica del 12 de mayo de 2005? ¿De la desolación de un vestuario y su fiel hinchada? A Valverde le vienen a la memoria los Orbaiz, Iraola, Yeste, Llorente... «Entonces creían que nunca iban a tener otra oportunidad. Pues aquí la tienen».
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