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Rojo y Aranguren evocan los títulos de Copa de 1969 y 1973, la tensión previa a las finales, el pasillo de la afición al autobús del Athletic... Tiempos de gloria y pasión
4 de marzo de 2009
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Cuando fuimos campeones
Aranguren y Rojo, antes de la charla sobre los títulos de Copa. / BORJA AGUDO
IVÁN ORIO.-

Hablar de la Copa con Txetxu Rojo y Txutxi Aranguren es hablar de otra Copa. De un torneo «distinto» que hasta principios de los años 70 se disputaba una vez que finalizaba la Liga; de una competición que se jugaba también en domingo y que se vivía con la misma intensidad y pasión en dieciseisavos que en semifinales; de momentos de gloria, tensión y lágrimas; de aficionados rojiblancos que vendían hasta los colchones para pagarse una entrada y el viaje a Madrid; y de pasillos de honor multitudinarios junto al Bernabéu para rendir homenaje antes de la final a unos héroes que viajaban en autobús y que sentían la misma ansiedad que el resto de los mortales.

Eran tiempos en los que el Athletic siempre luchaba por quedar campeón y en los que la Copa era sinónimo de éxito para los leones. Rojo estuvo en cinco finales y ganó dos. Las mismas que Aranguren, que participó en cuatro. El interior y el lateral zurdos eran la banda izquierda del equipo. Recuerdan con especial cariño el título de 1969 ante el Elche porque ya habían perdido dos finales frente al Zaragoza de los cinco magníficos y el Valencia y porque hacía once años -el segundo mayor desierto en la historia del club- que no entraba un trofeo en la sala de vitrinas. Ambos echan la vista atrás...

Aranguren: La gente fue con mucha ilusión a Madrid porque el Elche (al que se ganó 1-0 con gol de Arieta II en el minuto 82) era un equipo relativamente asequible.

Rojo: Sí, es verdad. En la eliminatoria que tuvimos con el Valencia podía haber ganado cualquiera.

Aranguren: ¿Sabes lo bueno que tenía la Copa? Que como se jugaba cuando terminaba la Liga, en el mes de abril, se jugaba domingo tras domingo y había mucho ambiente.

Rojo: Luego lo cambiaron porque era un inconveniente para los equipos que caían a las primeras de cambio.

Aranguren: En las celebraciones éramos un poco pardillos. Un poquito de champán y unos puros.

Casi sin darse cuentan avanzan un año, hasta 1970, cuando el Athletic cayó en semifinales ante el Real Madrid en San Mamés a pesar de haberse traído un magnífico 0-1 del Santiago Bernabéu. Incluso habían estado a punto de ganar la Liga, pero una dolorosa derrota en Valencia en el penúltimo partido frustró su sueño.

Aranguren: En 1970 estaba ya la gente con las entradas para la final, con el hotel, con todo... y vino el Madrid y adiós. En tres partidos perdimos la Liga y la Copa.

Rojo: ¡Qué pena! La verdad es que esa temporada estábamos jugando muy bien.

Los ex futbolistas cruzan una mirada y una sonrisa de añoranza y empiezan a hablar de sus compañeros con admiración: Iribar, Sáez, Arieta II, Zubiaga, Argoitia... De repente recuperan los veintitantos años y conversan animadamente de este u otro partido o tal o cual jugada con esos códigos que sólo pueden crearse con años y años de compañerismo. Son momentos de complicidad, de guiños a un pasado plagado de mitos y leyendas. Cuesta muy poco imaginarse 'La Catedral' llena a reventar con Rojo rompiendo a su marcador por la banda y con Aranguren cerrando el paso al extremo. La épica en imágenes en blanco y negro.

Aranguren: Para mí lo más bonito del fútbol es ganar una Copa.

Rojo: Sí, es distinto, aunque no tuvimos la fortuna de ganar una Liga.

Aranguren: Pero una Liga la vas viendo con el paso de los partidos...

Rojo: ¡Estuvimos a punto de ganarla!

Como una familia

Por aquel entonces el futbolista del Athletic que más cobraba sólo superaba en 25.000 pesetas al que menos percibía. La media de edad de la plantilla era de 24 años y Koldo Aguirre, internacional indiscutible, era el gran capitán. Las botas se colgaban en la caseta junto al número de camiseta de cada jugador para que nadie se equivocara. El vestuario era como una familia que lo compartía todo. Cómo no se iba a fomentar el compañerismo si para hacer un desplazamiento al sur o al este del país el viaje empezaba el viernes por la mañana y terminaba el sábado a mediodía. El domingo, partido y vuelta a casa. Una auténtica paliza. Los futbolistas iniciaban el viaje en autobús, con parada en Aranda para comer antes de llegar, después de diez horas, a Madrid. Un paseíto, cena y al tren, al coche-cama. Agotamiento máximo, pero también una convivencia intensa.

Aranguren: No había televisión ni llevábamos cascos. Nos pasábamos todo el viaje charlando y echando risas.

Cuando el equipo llegaba a una final de Copa, se concentraba dos días antes en un hotel a 40 ó 50 kilómetros de la capital. El día del partido miles de aficionados esperaban en las calles de la ciudad el paso del autocar con banderas, camisetas, bufandas... Rendían honores a sus héroes.

Rojo: Tardábamos la tira. Veías a la gente animando en las calles sin parar. Yo quería saltar a jugar ya, porque aquello me desgastaba.

Aranguren: Es verdad.

Rojo: Llegabas además al campo dos horas antes del partido, con el calor que hacía. Yo no paraba de sudar. Perdía un kilo antes de salir. Luego también pensabas 'como no ganemos qué decepción se va a llevar esta gente'. Es que al final cada uno lo vive de una forma.

Aranguren: Desde que comías hasta la hora del partido se te hacía eterno.

Rojo: Es que dos días antes de la final ya sentías de cerca el calor de los aficionados.

Aranguren: Por eso digo que la Copa tenía algo distinto.

Rojo: Sí, más arraigo, también más emoción.

Como si los dos ex futbolistas hubieran activado el mismo mecanismo de autodefensa para borrar los malos recuerdos, hay un salto casi inconsciente de cuatro años en la animada charla hasta llegar a 1973, cuando el Athletic volvió a ganar la Copa, esta vez ante el Castellón, a las órdenes de Milorad Pavic. Los rojiblancos se impusieron por 2-0 con goles de Arieta II y Zubieta. Fue el último título de ambos, ya que el lateral se retiró en 1975 y el interior perdió la ya legendaria final de 1977 ante el Betis, en la que se cayó a penaltis tras 120 minutos angustiosos y llenos de emoción.

Rojo: Era (Pavic) un hombre singular.

Aranguren: Era raro, pero es verdad que fue de los entrenadores que trajo la modernidad al fútbol. Técnicamente trabajaba mucho con el balón. Volviendo a la final de 1973, recuerdo que yo salí en el segundo tiempo. Eso sí, cuando teminó el partido me quedé con el balón.

Rojo: A aquella final fuimos con la confianza de que íbamos a ganar.

Aranguren: El Castellón había sido el equipo revelación de aquella temporada.

Rojo: Sí, sí, tenía buenos jugadores. Como Vicente del Bosque, por ejemplo. La ganamos y fue magnífico, pero no hay que olvidar que para llegar a una final de Copa tenías que superar momentos muy malos en alguna eliminatoria.

Aranguren: Sí, siempre había algún partido en el que sufrías. Hay que tener en cuenta que a finales de los 60 llegábamos muy cansados. Y es que, excepto el portero, la posibilidad de hacer cambios no llega hasta principios de los 70.

Rojo: Viajaban dos jugadores más, pero iban directamente a la grada.

Aranguren: Íbamos trece y el portero suplente.

Rojo: Si eras de los jugadores habituales, acumulabas un montón de partidos.

Aranguren: Cuando empecé a jugar en el Athletic sólo estábamos tres defensas.

Rojo: Luego ya se empezó a jugar con cuatro.

Aranguren: Jugábamos como podíamos. Antiguamente el extremo iba a por el lateral. Si te superaba se metía hasta el palo, daba el pase de la muerte y se acabó. No había pizarras, ni tizas, ni nada.

Como aficionados

Esta vez el salto en el tiempo es de película de ciencia ficción. El reloj se detiene unos minutos en la final ganada al Barça en 1984 y sobrevuela sobre la perdida ante el Atlético uno año después. El contador, ya imparable, acelera hasta llegar a hoy. Un cuarto de siglo de silencio que puede cambiar si el Athletic elimina al Sevilla. Ahora los contertulios asumen su condición de ex futbolistas, entrenadores y, cómo no, fervientes aficionados.

Rojo: La semifinal está igualada y tenemos ilusión.

Aranguren: Hay muchas ganas. Es que hay muchos jóvenes que nunca han visto al Athletic en una final. El partido va a ser comprometido y difícil. Sufriremos hasta el final.

Rojo: La Copa representa mucho en Bilbao.

Aranguren: Los jugadores de ahora nunca han jugado una final. Habrá que ver cómo puede pesar eso.

Rojo: En San Mamés es todo distinto. Es un partido en casa y con tu gente. La mentalidad está asegurada.

Palabra de campeones.

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