
Fernando García Macua disfrutó la pasada semana de unas pequeñas vacaciones junto a su familia en la nieve. Descanso ante la apretada agenda que le espera estos días. El Athletic afronta el miércoles un partido histórico, el paso de 24 años de decepciones en la Copa a volver a jugar la final de un torneo que está en su código genético. El presidente del Athletic cree que la cita presenta muchas piedras angulares, pero se detiene en una: «debemos ofrecer una final a las nuevas generaciones».
-¿En cuántas finales de Copa ha estado?
-En la de 1984, la última ganada ante el Barcelona. Tenía 21 años y me fui como hincha con los amigos. En la siguiente, en el 85, tenía un examen oral el viernes, pero a media tarde el catedrático lo suspendió dos personas antes que yo y me encontré con que el examen era el lunes. Con gran dolor de mi corazón, fui a despedir a mis amigos que iban a la final.
-¿Y su primer recuerdo de una final?
-La del Elche, en el año 1969. No había cumplido los seis años. Vimos en casa en la televisión la primera parte. Mi madre nos metió a la cama en el descanso y al cabo de un rato vino a decirnos 'ha metido el Athletic'. Recuerdo de forma muy fresca como saltábamos en la cama. Recuerdo también la del 73. La vimos en Bakio, en donde entonces veraneábamos en casa de la amama. Y no se me olvida el grandísimo disgusto del 77.
-¿Se ve en la próxima final en un lugar preferente en el palco al lado del Rey?
-Me gustaría, pero no por mí, sino por la afición del Athletic. La afición del Athletic se merece esta final 24 años después. Recuerdo que, cuando era pequeño, el asunto de las finales se vivía con bastante naturalidad. Hoy muchos jóvenes escuchan en sus casas hablar de las finales de los 80 y tienen un tremendo anhelo por estar ahí. Necesitamos darles una final a las nuevas generaciones de seguidores, ésas que han nacido a partir de los años 80. Una final galvaniza mucho. Provoca un sentimiento de unión, de pertenencia, de tener un objetivo común. Eso es muy importante para el club y para nuestra sociedad, porque estos días se ve que el Athletic es uno de sus polos de unión más señalados. Eso permitiría además transmitir que el modelo del Athletic es perfectamente válido para competir.
-De rey de Copas a aspirante. ¿Cómo se lleva esa reconversión?
-Desde la Copa de coronación de Alfonso XIII, en 1902, que ganamos, hasta 1985 se han jugado, descontando los años de la guerra, 75 o 76 finales y el Athletic ha estado en 35. Esto quiere decir que en el acerbo cultural del club la Copa es parte de la identidad. La pena es que durante estos 24 años no ha sido posible repetirlo, a pesar de que se rozó ante Real Madrid y Betis.
Los niños y las camisetas
-¿Es optimista o pesimista?
-Pretendo no ser ni una cosa ni otra. Por mi cargo, tengo la obligación de ser realista. Va a ser difícil, pero tenemos posibilidades. Digo lo de Caparrós, cincuenta por ciento. En San Mamés hacemos gol en casi todos los partidos. Lo que se trata es de no recibirlo.
-¿Qué se juega el Athletic el miércoles?
-Recuperar la autoestima, saldar una deuda con su afición y entorno, hacer un ejercicio de autoafirmación en unos valores y principios y renovar el arraigo del sentimiento Athletic en toda nuestra sociedad. Gente relacionada con los colegios me dicen que este año se ven más camisetas del Athletic en los patios y en las aulas. Eso es muy importante para la pervivencia del Athletic y su modelo. Dar a nuestros jóvenes seguidores motivos de satisfacción es esencial.
-Y eso sin hablar de la Copa de la UEFA.
-No la olvido. Podemos jugarnos también Europa, con la inyección económica que supondría.
-Ni qué decir, por tanto, que prefiere al Barça en la final.
-La final con el Barça tendría muchos alicientes, entre otros la garantía de la presencia en Europa. Pero primero hay que llegar y luego pensaremos en el rival.
-¿Y qué supondría para el proyecto deportivo llegar a la final?
-Un proyecto deportivo ganador y que dé alicientes es el mejor reclamo para los jóvenes de la cantera vasca. La expectativa de luchar por títulos y jugar en Europa es un aliciente importantísimo. Eso es mucho más atrayente incluso que las condiciones económicas. Queremos demostrar que podemos conjugar el respeto con la tradición con ser ambiciosos y ganar títulos, algo que ha sido una constante histórica en la vida de este club y es lo que ha le ha dado grandeza.
-¿Y para su junta, qué supondría?
-Nos marcamos como objetivo detener la espiral de luchar agónicamente por la salvación como meta del primer año. El del segundo era consolidarnos en Liga y Copa. El del tercero, empezar a crecer. Conseguir en un segundo año, si fuera así, estar en una final y tranquilos en la Liga sería hacer los deberes de dos años en uno y para estar satisfechos. Pero éste no es el momento de protagonismo de la junta, sino de la afición, de la sociedad y de los deportistas.
La presión
-Vizcaya engalanada, colas de un día entero ante la taquillas, ganas de saldar 24 años de frustraciones y un rival más acostumbrado a partidos de alto voltaje. ¿No es demasiada presión sobre los jugadores?
-Son profesionales y como tales deben estar acostumbrados a todo tipo de situaciones. No creo, en todo caso, que sea el peor escenario para los jugadores que desde el entorno exista un ambiente de motivación importantísima. Peor presión era la que se vivió el día del Levante.
-¿Le ha sorprendido la descomunal respuesta del territorio de Vizcaya al partido de semifinal?
-No. Nos indica que hay hambre de final y que tenemos un entorno que desea vivir esa grandísima fiesta del fútbol que es una final de Copa. El pasado año estuve en la final Valencia-Getafe y, de verdad, es un espectáculo. Si a eso le unimos la pasión y entrega de nuestros seguidores, puede ser un momento muy grande.
-¿Irá a ver a los jugadores antes de la semifinal?
-Posiblemente haga algún gesto de este tipo.
-¿Y cuál será su último mensaje?
-Todos los mensajes están transmitidos. Estamos en un momento en el que la plantilla es plenamente consciente de la cercanía de un gran objetivo. El equipo está motivadísimo. Lo viví en persona en el partido de ida. El desplazamiento en autobús desde el hotel de concentración al Sánchez Pizjuán se hizo en medio de un aguacero tremendo y circulando en medio de un ambiente relativamente hostil. En el pequeño habitáculo del autobús se vivieron esos momentos de una manera muy intensa, con una gran motivación, unión y compromiso. La verdad es que se te ponen los pelos de punta.
-Vicente Boluda, presidente del Real Madrid, anunció que iban a «chorrear» al Liverpool en la Liga de Campeones. ¿Se propone usted lo mismo con el Sevilla?
-Intentaremos ganar con nuestras armas y al apoyo de San Mamés. El único sitio en el que el éxito viene antes que el trabajo es el diccionario. Para este partido es perfectamente aplicable. Primero hay que trabajar y sufrir y tener además suerte, algo esencial en estos partidos. Pero el Sevilla indudablemente no va a ser un rival fácil.
-Imagino que le habrán vuelto loco pidiendo entradas.
-Efectivamente. El gran porcentaje de socios, de lo que nos alegramos, que han retirado sus entradas (93%) nos ha limitado. Pero al menos, hemos podido cumplir con el compromiso con la gente que pasó toda la noche de cola en San Mamés porque todos lograron su entrada. Hay otros que se ha quejado, como las peñas de fuera y el Sevilla, pero tenemos el estadio que tenemos.
-José María del Nido, presidente del Sevilla, protestó por que les han enviado pocas entradas.
-Al final les hemos mandado casi 600 y hemos tenido que desatender compromisos con peñas y peticiones institucionales para cumplir con ellos. Objetivamente no puede quejarse porque hemos hecho lo posible, y así se lo he dicho. Ha aceptado mis explicaciones.
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