
Era un partido a destiempo, de lo más inoportuno. Desde hace semanas se venía hablando del incordio que suponía enfrentarse al Sevilla en Liga cuatro días antes de hacerlo en la semifinal de Copa. De hecho, eran mayoría los que pensaban que lo mejor hubiera sido borrar el partido del calendario, tacharlo, en fin, como hacen los presos en su celda con las fechas de su condena que dejan atrás. Pues bien, algo de esto hizo ayer Joaquín Caparrós, que volvió a jugar sus bazas de la forma más traumática posible, al estilo de Almería. Como entonces, colocó en el campo un equipo de suplentes, meritorios y arrinconados. No había término medio, a juicio del técnico de Utrera. Para tener opciones en la Copa había que sacrificar la Liga, reservando todo lo reservable. Y eso es lo que ocurrió: un sacrificio. Con dos goles magníficos, un imponente Kanouté fue el matarife del Athletic, que hizo lo que pudo y, cosas del fútbol, incluso estuvo a punto de lograr el empate en los instantes finales. Lo tuvieron Toquero, solo frente a Palop, y Etxeita, de cabeza, en la última jugada.
Vista la apuesta de Caparrós, pocas dudas podía haber sobre el desarrollo del juego. El largo monólogo del Sevilla estaba cantado, como lo estaba el repliegue del Athletic, dedicado desde el primer minuto a cerrar espacios, tapar huecos, poner argamasa en la junturas y esperar a que el tiempo corriera sin sufrir daños. Al plan de los rojiblancos, ciertamente, no le faltaba su lógica. Poco más que intentar mantener el tipo podía hacer ayer el once bilbaíno. Y lo cierto es que, durante un rato, lo consiguió. Es más, incluso se adelantaron en el marcador, una posibilidad que se antojaba ciencia ficción. Nadie esperaba el gol de Gabilondo, que llegó en los rechaces posteriores a un corner arañado a base de tesón, y la hinchada lo celebró por todo lo alto.
La culpa del 1-0 y de unos minutillos de cierto agobio para Palop al filo de la media hora la tuvo el Sevilla, que anduvo flojo, sin tensión, acomodado, tan convencido, probablemente, de que el partido era suyo tirando simplemente de oficio que se olvidó de ponerle marcha al juego. Sólo Kanouté y Capel, que pronto cayó a la banda derecha, se manejaron como las circunstancias lo requerían. El resto se limitó a ir y venir, tocando fácil pero con poca profundidad. Durante muchos minutos, al equipo de Jiménez pareció siempre faltarle algo arriba. Tanto es así que Armando no sufrió en exceso por mucho que los sevillanos llevaran la manija. De hecho, fue un error de Balenziaga en un despeje el que dio aire a los sevillanos. El control y el disparo rápido de Kanouté fueron perfectos, una jugada de manual, de esas que podrían poner en las escuelas de fútbol a los chavales que sueñan con ser delanteros.
El empate fue recibido con resignación por la grada. De nuevo, entraba dentro de lo perfectamente posible. Y lo mismo puede decirse del 1-2, también firmado por Kanouté, al que fueron incapaces de controlar Etxeita y Amorebieta. El delantero de Mali recibió algunos aplausos cuando Jiménez le retiró del campo. San Mamés, ya se sabe, no pierde la caballerosidad ni ante los enemigos más temibles. No estaría mal que Kanouté se ablande un poco el hombre de cara al miércoles, porque la verdad es que da miedo, sobre todo si se piensa que un gol de los sevillanos puede ser letal. Habrá que confiar en que la semifinal sea otra historia, como dijo Caparrós en la sala de prensa.
Las mejores ocasiones
La segunda parte fue un calco de la primera. En realidad, como decíamos, todo el partido estuvo cortado por el mismo patrón. Los goles, en ese sentido, no tuvieron mayor influencia en el juego, siempre decantado de la misma manera. De la única posible, habría que decir. El Sevilla controlaba el balón sin crear demasiado peligro. Duscher y Fazio no estaban muy lúcidos y a Romaric se le detecta una cierta anarquía. Tiene tantas facultades que se excede en sus movimientos y atribuciones. El Athletic, por su parte, luchaba y se protegía. Que los rojiblancos, vendidos al balón largo y a esperar alguna jugada a balón parado, remontaran se antojaba una quimera. Y lo cierto es que hubo posibilidad de ello en la recta final, que fue curiosamente cuando el Athletic creo sus dos mejores ocasiones, casi las únicas aparte del gol de Gabilondo y de un disparo de Susaeta.
En fin, que el partido inoportuno ha quedado atrás, en la Liga ya sólo queda mantener las distancias con el pelotón de cola y hay que fiarlo todo a la Copa, a un partido en el que el Athletic se va a jugar a cara y cruz toda la temporada. Pocas veces noventa minutos serán tan decisivos para valorar a unos jugadores y a un técnico que ha gestionado la plantilla al todo o nada. Habrá que confiar en que al equipo no le pueda el miércoles la ansiedad. Porque, la verdad, todo se está tensionando tanto que da un poco de miedo.
Todo la información de la final de la copa del rey: ATHLETIC - BARÇA
© EL CORREO DIGITAL,
S.L., Sociedad Unipersonal
Domicilio c/ Pintor Losada, 7 (48004) Bilbao
Inscrita en el RM de Vizcaya: Diario 229, Asiento 159, Tomo 3823, Libro
0, Folio 200, Sección 8, Hoja
BI-26064 C.I.F.: B-95050357
Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción, distribución,
comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos
de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y
escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción
y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa
con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos,
a la que se manifiesta oposición expresa.
Contactar | Aviso legal | Política de privacidad | Publicidad | Mapa Web | Master El Correo