
El sueño de ver al Athletic alcanzar la final de Copa merece cualquier esfuerzo. Incluso pasar 26 horas en una cola junto a San Mamés, a la espera de que se abrieran las taquillas. Ni el frío, ni las incomodidades de tener que aguardar tanto tiempo en la calle pudieron con la ilusión de los cerca de un millar de aficionados rojiblancos que soñaban con hacerse con una entrada para la semifinal frente al Sevilla. «Por el Athletic, cualquier cosa», era la justificación más repetida a tantas horas junto a las ventanillas, que tras abrirse a las diez y cuarto de la mañana agotaron el papel a primera hora de la tarde. 'La Catedral' ya espera el miércoles uno de esos llenos históricos con una afición entregada a una esperanza: dar la vuelta al marcador y, 24 años después, volver a luchar por el título de Copa.
Lo que el club se ha asegurado es el récord de recaudación, ya que se embolsará 1,5 millones de euros y superará los 1,2 que logró hace cinco años en otra semifinal, frente al Betis.
Ayer, la gran mayoría de los aficionados que hicieron cola cambiaron su semblante en cuanto tuvieron las entradas en la mano. Y eso que no faltaron los momentos de tensión ni las quejas ni algunos empujones por lo que muchos consideraron «un caos de organización». Pero al final, la espera mereció la pena.
Endika, un joven bilbaíno que no se separó de su txapela rojiblanca desde que comenzó a hacer cola a las 8 de la mañana del pasado miércoles, fue uno de los primeros en conseguir una entrada de las cerca de 2.500 que se pusieron a la venta. No ocultaba su cansancio, pero la ilusión rojiblanca podía más con él. «Por el Athletic a muerte. Merece la pena hacer esto y más. Si hubiera hecho falta hacer dos semanas enteras de cola las haría sin problemas», afirmaba emocionado.
Saioa, una estudiante baracaldesa de segundo de empresariales, podría tener un regalo extra el próximo miércoles si los rojiblancos certifican el pase a la final de Copa. La joven de 21 años, que permaneció a la intemperie desde primeras horas de la mañana del miércoles, cumplirá años el mismo día del partido, el 4 de marzo. «Si el Athletic logra ganar será todo un regalazo. Si pierde será una decepción, pero ¡eso no va a pasar!», decía con una gran sonrisa. «Ahora a dormir y a descansar. ¡Quiero sentarme en algún sitio cómodo!», repetía.
Pocos fueron los que consiguieron conciliar el sueño durante la fría noche en San Mamés. Lo más socorrido para sobrellevar la espera fueron los corrillos con el balón y las partidas de cartas y parchís. «Había que hacer algo para que no se nos hiciera eterno», declaraba Jessica, una joven bilbaína que hizo cola con un grupo de amigos.
Unos prefirieron dormir encima de cartones, otros en sacos de dormir e incluso algunos aficionados llevaron tiendas de campaña para aislarse lo máximo posible de las bajas temperaturas. En la fila se encontraba una muchacha bilbaína, pero seguidora del Sevilla. «Yo he respetado a todos y todos me han respetado a mí, no ha habido problemas», ensalzaba. Como agradecimiento a la afición y para sobrellevar mejor las últimas horas de espera, la Fundación Athletic repartió desde las 8 de la mañana chocolate caliente. Supo a gloria.
Sin organización
Desde el primer momento en el que los seguidores rojiblancos se agolparon en los aledaños de San Mamés, comenzó a correr entre los presentes una lista en la que se apuntaban y eso les daba derecho a adquirir dos entradas por persona. A pesar de ello, poco antes de la apertura de las taquillas, cuando el personal de seguridad movía las vallas para hacer más fácil y seguro el acceso por pequeños grupos a las ventanillas, muchos aprovecharon para colarse.
El revuelo que se produjo fue considerable. Los allí presentes reconocieron a muchos de ellos y les echaron del recinto vallado, pero otros consiguieron hacerse un hueco entre los primeros o avanzaron en la cola. «Empezaron con una lista y cada poco volvían a pasarla para controlar y evitar que alguien se colara, pero por la mañana nos dijeron que había desaparecido», denunciaba una chica. «Ha sido un caos. Nos han apilado en una esquina, donde empiezan las taquillas. Había empujones y no nos podíamos ni mover. Fue una auténtica locura», subrayaba Mikel.
Pero al final, las incomodidades y el frío quedaron olvidados cuando los hinchas tuvieron las entradas en la mano. Una vez más, los seguidores rojiblancos dieron un ejemplo de pasión por sus colores. Ahora esperan su recompensa: el sueño de la clasificación para la final.
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