
La robustez del marfileño Romaric, el imán para los rechaces del argentino Duscher y la magia de Navas fueron los argumentos del Sevilla para fraguar una remontada que cimentó en la segunda parte desde una ambición y una fe inquebrantables. Por supuesto que el equipo andaluz es mucho más que los argumentos de estos tres futbolistas, pero anoche el africano, el sudamericano y el interior de Los Palacios ofrecieron un recital de calidad y entrega que contagió al resto de sus compañeros. Un recital, eso sí, que asomó cuando el campo empezó a secarse y cuando el Athletic, agobiado por una presión asfixiante, dio un paso atrás y se refugió en el autobús.
Ha recibido numerosas críticas Manolo Jiménez por su insistencia en alinear como mediocentros a Romaric y Duscher, dos jugadores cuyas características no parecen casar mucho con la alegría y el desparpajo que exigen siempre los aficionados del Nervión a su equipo. Pero ayer demostraron que lo hacen bien en un lodazal -la fortaleza del gigantón africano de 1,87 metros es prodigiosa- y en un terreno en condiciones -la colocación del argentino es para enseñarla en las escuelas-. Son distintos, pero se entienden bien, y, sobre todo, se adueñan de la medular casi sin que el rival se dé cuenta, como si no estuvieran. Ocupan poco a poco todos los espacios y se mueven con soltura para que además los ganen los suyos. Jiménez ha apostado por ellos contra viento y marea y ayer en la Copa se cargó de razones frente a los seguidores más críticos con su esquema. Duscher, incluso, marcó el gol del empate.
Navas es uno de los sevillistas que se aprovecha del trabajo de estos dos grandes fajadores. En los primeros 45 minutos pasó desapercibido porque un interior que vive de la velocidad pierde el brillo sobre mojado. Pero en la segunda mitad emergió de las aguas el Navas eléctrico, un futbolista colosal que recuerda a los extremos de antaño. Su versatilidad es ilimitada y sus movimientos, de manual. Maniobra con el balón como los ángeles y, cuando centra desde la línea de fondo, siempre levanta antes la cabeza para buscar a un compañero. Los quiebros y requiebros que le hizo a Koikili en el minuto 64 resumen el talento de un joven cuya tendencia a la depresión en las grandes concentraciones le ha cerrado de momento las puertas de la selección.
El Sevilla es calidad, sí, pero también es el paradigma de la convicción. Incluso cuando Kanouté falló el penalti siguió apretando en busca de la victoria. La buena noticia par los rojiblancos es que, a pesar de que su rival fue muy superior en la segunda parte, salió vivo del Pizjuán. La mala que Luis Fabiano, ahora lesionado, estará seguro en San Mamés.
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