
No lo tenía tan claro Hugo Sánchez. ¿Le daría el fútbol para comer? No lo tenía tan claro. Por eso abrazó los libros. Por si acaso. Amasó una fortuna en el terreno de juego y, de paso, obtuvo el título de cirujano dentista en la Universidad Nacional Autónoma de México. «Es muy inteligente», repiten los que le conocen. Sus amigos, sus compañeros de equipo, sus rivales... También dicen que la gente tiene una imagen muy distorsionada del nuevo entrenador del Almería, uno de los mejores delanteros de la historia, remate al servicio del gol, polémico en el campo pero «amable y educado» vestido de calle. Podía caer mejor o peor, suscitar pasiones u odios, arrancar aplausos o silbidos, pero nadie discute una certeza que el tiempo transformó en dogma: «Era un jugador extraordinario».
Y difícil de soportar en el terreno de juego. «Actuaba al límite del reglamento», rememora Martín Vázquez, amigo del mexicano y futbolista con más clase y técnica de la inolvidable 'Quinta del Buitre'. «Hacía lo que estuviera en su mano para desestabilizar al contrario. ¿Cómo? Con el verbo». El genial centrocampista madrileño recuerda las interminables conversaciones del punta con los defensas rivales. «Cuando un central daba un pelotazo o pegaba una volea, Hugo se le acercaba y empezaba la charla». Sólo él sabe de lo que hablaban, aunque tampoco resulta difícil imaginárselo. «Intentaba sacar provecho de todo y quizás por eso resultaba antipático».
El periódico inglés 'The Times' sacó el año pasado una lista de 50 mejores insultos (ocurrencias) de la historia del deporte. Uno de ellos se produjo en un partido de cricket. «¿Por qué estás tan gordo?», le preguntó el australiano Glenn McGrath al zimbabuense Eddo Brandes. «Porque cada vez que me acuesto con tu mujer me da una galleta». Hugo Sánchez hizo de la provocación un arte y, al margen de su genialidad innata para jugar al fútbol, «recurría a las palabras» para descentrar a sus marcadores. «Era desagradable en el campo, pero a todos nos hubiera gustado tener en nuestro equipo a un futbolista como Hugo», confiesa Andoni Ayarza, ex zaguero del Athletic.
Y es esa imagen de broncas y provocador la que distorsionó la versión auténtica del punta mexicano, su lado humano, la cortesía como forma de proceder. «Es una persona educada y amable, amigo de sus amigos y un excelente compañero de vestuario», precisa Martín Vázquez. La opinión del ex medio 'merengue' la comparte Ayarza, que tuvo a Hugo Sánchez como rival y también como compañero en el Rayo Vallecano. «Era muy respetuoso y jamás tuvimos ningún problema en el vestuario. Se amoldó a su nuevo equipo sin problemas, a una realidad diferente y mucho más modesta, ya que venía del Real Madrid. Le recuerdo como un fuera de serie».
El chico de la maroma
Y lo era. Hay unanimidad en el mundo del fútbol a la hora de consensuar los pareceres en torno al talento de Hugo Sánchez. «Era un jugador inigualable, sobre todo en el remate. Yo lo tenía como compañero y como rival, y lo tengo claro: es mejor verle con tu misma camiseta», puntualiza Martín Vázquez. «No podías darle ni un metro porque siempre aparecía, incluso en los momentos malos». Ayarza lo corrobora: «Era muy listo, letal en el área. No resultaba nada fácil hacerle una entrada porque él sabía cuándo no debía disputar el balón».
El cinco veces 'pichichi' de la Liga española, incluido aquel impresionante registro de 38 goles en la temporada 1989-1990, en su quinta temporada con el Real Madrid, se convirtió en un recolector de títulos y aplausos. Y también de odios. Cuenta la leyenda que mucha gente se hizo antimadridista precisamente por las 'actuaciones' del matador azteca. Daba igual, era un genio anotador que celebraba los tantos con su famosa voltereta, el chico de la maroma, como se conoce la figura en su México natal. La acrobacia se la enseñó su hermana Herlinda, gimnasta olímpica, con la que coincidió en los Juegos de Montreal de 1976. La chilena la perfeccionó él solo y la convirtió en su 'copyright'.
Jamás se cansó de pulir su técnica. Cuando estaba en el Rayo Vallecano, ya en el ocaso de su carrera en el fútbol de élite, se quedaba solo después de los entrenamientos para ensayar remates. «Le daba igual golpear la pelota con la derecha o con la izquierda; además, de cabeza iba genial. Nunca perdió el deseo de ser el mejor», subraya Andoni Ayarza. Otro ex jugador rojiblanco, Íñigo Liceranzu, insiste en que «dominaba las dos piernas y te dabas cuenta de que era zurdo al verle lanzar un penalti o una falta».
El ex central del Athletic recuerda que «físicamente Hugo Sánchez era un fenómeno, muy ágil y rápido», que se adaptaba al estilo de juego de su equipo. «Cuando estaba en el Atlético -precisa- buscaba más la contra y ya en el Madrid siempre rondaba el área listo para rematar». Liceranzu, a pesar de ser defensa, no ha tenido problemas 'dialécticos' con el delantero azteca. «Jamás me provocó. Al sacar del centro, se dirigía hacia nosotros para desearnos suerte. Nunca hubo un rifirrafe entre nosotros». ¿Y la patada que le dio en la final de Copa que el Athletic perdió ante el Atlético en 1985? «Fue por frustración e impotencia al ver que se nos iba el partido». Por cierto, el mexicano marcó aquella tarde los dos goles 'colchoneros'.
El que sufrió también las virguerías del ahora técnico del Almería fue el ex central rojiblanco Andoni Goikoetxea. «Es uno de los mejores futbolistas extranjeros que han pasado por nuestra Liga». Y razona: «Era rápido, listo, ágil y un excelente rematador. Lo tenía todo». ¿Y su vena provocadora? «En el campo se dicen muchas cosas que deben quedar ahí. Nunca he entendido a los que 'lloraban' al árbitro: 'Me ha dicho esto, me ha dicho lo otro'. ¡Respóndele y sigue jugando!».
Y ahora ha vuelto a España para entrenar. Una incógnita. Sólo Martín Vázquez se atreve a hablar de su faceta como técnico. El resto prefiere esperar. «Hablamos de una persona muy reflexiva y creo que tiene madera para el banquillo. Ganó dos ligas con el Pumas y, además, atesora una cualidad fantástica...».
-¿...?
-El don de la inteligencia.
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