
Si se trataba de no quedarse helado -por la temperatura y por el resultado- en la visita al Reyno de Navarra, y hay que decir que el Athletic consiguió su objetivo. El equipo de Caparrós firmó un partido pésimo, pero tuvo los santos de cara -incluido San Fermín-y acabó rascando un empate providencial en el descuento. Son cosas que pasan en el fútbol, incluso cuando éste brilla por su ausencia de una forma clamorosa. El valor del gol de Llorente en el minuto 92 resulta incalculable si pensamos que el Athletic centra casi todas sus esperanzas deportivas de la temporada en la Copa. (O eso se dice, al menos). Con un 1-0 en contra, un resultado que hubiera sido justo atendiendo a los méritos de los dos equipos en la noche de ayer, el pase a cuartos hubiera quedado más que comprometido. El 1-1, en cambio, supone casi un pasaporte para la siguiente ronda. No parece que Osasuna tenga el cuerpo italiano y musical como para remontar en San Mamés la próxima semana. Y menos con el disgusto que se llevó ayer.
Está claro que el Athletic sigue teniendo un talismán en el viejo estadio pamplonés. Para desesperación de la hinchada rojilla, que se tiraba de los pelos y se comía las bufandas y los gorros al acabar el partido. Una vez más, los rojiblancos les habían hecho la Pascua. Aunque no jueguen un pimiento, no hay forma de ganarles, debían pensar los aficionados navarros, cuya simpatía hacia el Athletic es de sobra conocida. Lo cierto es que su desesperación era lógica. Osasuna hizo méritos para ganar. Por la mínima, eso sí. Suyas habían sido la mayoría de las ocasiones de un partido de esos que examinan la afición al fútbol de los seguidores: los que lo soportan es que llevan este juego en el corazón y a un equipo en el alma.
Lo esperado
Eran muy pocos, la verdad, los que esperaban algo sugerente en materia futbolística de este duelo de ida de los octavos de final de la Copa. Y no es de extrañar. Osasuna está para lo que está y el Athletic, fuera de su estadio, acostumbra a ser un equipo muy molesto. Lo malo es que las molestias que provocan los de Joaquín Caparrós no sólo alcanzan a los rivales, sino también a los espectadores, que acaban adormecidos de tanto ir y venir atosigante, de tanto pelotazo, de tanta excelencia táctica a la utrerana. De este modo, sabidos o intuidos los derroteros por los que discurriría el partido, lo sucedido no sorprendió a nadie. Fue un ejercicio frío y tedioso; lo contrario, podría decirse, de un espectáculo estimulante.
La igualdad presidió, desde el pitido inicial, un choque cuyo rumbo pudo cambiar en el minuto 7 si Álvarez Izquierdo hubiese pitado un clamoroso penalti que Sergio hizo a Susaeta. El error fue de los que descalifican a un colegiado y deben enviarle a su casa. Si no vio el derribo del central rojillo al centrocampista eibarrés estando como estaba a diez metros de la jugada es que tiene serios problemas de vista. Y si lo vio y no lo quiso pitar, Álvarez Izquierdo incurrió en prevaricación. Cualquiera de las dos razones debería servir para ponerlo en cuarentena. Al Athletic le hizo mucho daño la cantada del trencilla. Y es que los rojiblancos no volverían a pisar el área rival más que en dos ocasiones. Una fue ya mediada la segunda parte en una cabezazo picado de Iraola que se fue alto por milímetros y la otra, en el descuento, cuando un error defensivo de los navarros y el oportunismo de Llorente para recoger el rechace de Ricardo a un golpeo de Toquero 'a la virulé' acabaron condenando al equipo de Camacho.
La eliminatoria está encarrilada. Es la buena noticia. La mala es que las dudas que transmite el Athletic, lejos de desaparecer, persisten o aumentan en este 2009. Se hace muy duro saber a qué juega este equipo, que rebaja su exigencia con el balón a unos niveles ínfimos, impropios de la categoría. Si se supone que los rojiblancos están verdaderamente ilusionados con el título de Copa, lo cierto es que ayer lo demostraron de mala manera ante un achacoso Osasuna que mucho tendrá que remar en los próximos meses para no perder la categoría. El juego de los de Caparrós estuvo a tono con la temperatura que registraban los termómetros en Pamplona: -4 grados en la segunda parte. El Athletic, en fin, fue una decepción. Una vulgaridad. La flauta no va a sonar todos los días, así que habrá que hacer más cosas sobre el campo para poder pensar en finales sin que nos dé vergüenza.
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