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El Athletic estuvo rodeado de fuertes medidas de seguridad y el árbitro recogió en el acta que se lanzó una botella contra un juez de línea
22 de diciembre de 2008

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Caparrós centra las iras béticas
. Un nutrido grupo de aficionados béticos recibe con insultos a la expedición rojiblanca, que varió la ruta habitual para evitar a colectivos radicales./ IGNACIO PÉREZ
J. ORTIZ DE LAZCANO.-

Las Fuerzas de Seguridad de Sevilla conocen lo suficiente a los hinchas radicales del Betis como para saber al dedillo su agenda en cada partido en el Manuel Ruíz de Lopera. Se reúnen en la calle Tajo, que desemboca en el estadio, y allí se dedican a lanzar petardos y encender bengalas. Por la esquina que hace esta travesía con la tribuna principal del campo, llegan cada de encuentro los autobuses de los equipos.

Pero la Policía se tomó muy en serio la seguridad del Athletic, que llegó al campo con fuertes medidas de protección, y por la dirección contraria. Los ultras reaccionaron irritados. En cuanto vieron que los rojiblancos ponían pie sin pasar por delante de sus narices comenzaron a hacer estallar petardos y encender bengalas.

La prevención de riesgos hizo además que el Athletic llegara al campo con poco más de una hora de tiempo con respecto al inicio del partido. Veinte minutos antes se había presentado el autobús del Betis. Quinientos hinchas aplaudieron a sus futbolistas, pero no se disolvieron. Quisieron esperar a los rojiblancos, recibidos con durísimos insultos.

Se centraron, sobre todo, en la figura de Joaquín Caparrós, con un pasado sevillista que genera irritación entre los ultras béticos. Luis de la Fuente, otro rojiblanco con pasado 'palangana', como se conoce en esta ciudad a los integrantes del eterno rival, fue el primero en descender del autobús. Le siguió el presidente, Fernando García Macua. El abogado se detuvo al pie de la escalera para esperar a su entrenador, que recorrió la distancia entre el autocar y el campo en medio de cánticos terroríficos. «Esta noche se muere Caparrós» y «Caparrós, tus muertos». El utrerano apretó los puños y ni se detuvo a leer la pancarta que rezaba «Caparrós, te odio por tu odio al Betis».

Macua es un presidente poco habitual en los viajes del equipo. Pero esta vez quiso presentarse en Sevilla. Llegó en la misma mañana de ayer acompañado por el contador de la junta, Juan Antonio Zárate. Si es raro verle en los partidos de fuera, que pise el césped es aún más extraño. Con el objetivo de arropar a sus futbolistas saltó al campo mientras éstos calentaban. Y en cuanto pudo se dirigió a Armando para darle ánimos con un saludo afectuoso.

Antes del partido, el Betis quiso poner algo de su parte para que reinara la tranquilidad. Hasta en dos ocasiones se pidió por la megafonía del estadio, en «un aviso muy importante», «no tirar bengalas u otros objetos ya que supondrá un castigo para el Betis, la suspensión del partido y desprestigio para la afición bética». Sin embargo, el árbitro recoge en el acta que en el minuto 78 del partido se arrojó desde la grada una botella de agua de medio litro contra uno de sus jueces de línea sin llegar a impactar contra él. El envase llevaba tapón, algo rigurosamente prohibido en los campos de fútbol.

Bronca a los periodistas

En el segundo aviso lanzado por megafonía, las palabras del locutor fueron acalladas por cánticos contra Caparrós. Al poco, en el fondo sur, el situado al otro lado de la agresión a Armando, se encendió una bengala. Pero a partir de ahí los ánimos se aplacaron. Sobre el césped cayeron aviones de papel facturados con las revistas gratuitas que se entregan fuera del campo.

El momento de mayor tensión durante el choque se vivió en las tribunas que ocupaba la prensa bilbaína. El Betis acostumbra a ubicar a los periodistas visitantes con espectadores en la fila de adelante y la de atrás. Cuando anotó Javi Martínez, quienes retransmitían el partido comenzaron a gritar gol a voz en cuello. Los aficionados que les rodeaban se lo recriminaron encendidos. Aunque alguno hizo ademán de acercarse a ellos agredirles, el incidente quedó ahí sin pasar a mayores

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