T omar la temperatura al Athletic es una misión imposible. No hay en la actualidad un termómetro tan sofisticado que permita saber con exactitud si los aficionados deben quedarse con el calor reconstituyente del Bernabéu o el sopor indescriptible de anoche. Qué sufrimiento absurdo, qué manera de decepcionar a unos seguidores entregados a pesar de la crisis por la que atraviesa el club. Los más optimistas dirán que les quiten lo bailao, que el Athletic ya está en octavos y que fue capaz de eliminar al Recreativo incluso con un juego pobre hasta la indigencia. Los más realistas tienen que estar muy preocupados por la imagen ofrecida por los hombres de Caparrós en vísperas de la decisiva cita del domingo ante Osasuna. Alcaraz, no lo olvidemos, recuperó el álbum de cromos para completar la alineación, y Roberto, el portero local, nos hizo un regalo en el penalti por el que le estaremos siempre enormemente agradecidos.
El partido en el Nuevo Colombino volvió a demostrar que, sin balón, el Athletic vive en un laberinto con puerta de entrada, pero sin salida. Es duro, muy duro, observar correr sin sentido y con una presión infantil a los futbolistas rojiblancos -de hecho le hicieron internacional al marfileño Akalé, a quien otro encuentro así le convertirá poco menos que en un héroe nacional-. También se comprobó que Gurpegui, todo entrega y pundonor, se siente en el lateral derecho como un elefante en una cacharrería. Qué mal lo pasó el de Andosilla. Pero sería injusto individualizar el pobre espectáculo colectivo que ofreció el Athletic, sin duda aquejado de unas décimas de fiebre que puede ser alta si es incapaz de superar a Osasuna en San Mamés. Desde luego tendrá que hacer mucho más que ayer para doblegar a los navarros. Esperar otro obsequio como el de Roberto sería de ingenuos.
«Hemos jugado mal, pero lo importante es estar en octavos», declaró Caparrós al término de la eliminatoria. Es verdad, pero de nuevo la autocrítica brilló por su ausencia. Sabe que está en el alambre, por mucho que insista en que su futuro no le preocupa. Pero lo de su Athletic es ya muy inquietante y, de momento, sus fármacos no hacen efecto. Si la fiebre sigue, es consciente de que el club puede buscar otro médico.

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