Cada vez que el Hamburger Sport-Verein (HSV) sale a la cancha en su estadio, el moderno recinto deportivo vibra con la letra de una canción que entonan a todo pulmón los hinchas del club. 'HSV- Forever an Ever', cantan miles de gargantas para saludar al equipo de sus amores. «HS, siempre y para toda la eternidad», dice la letra del himno que enloquece a los hinchas y que cobró una rara actualidad el pasado 9 de septiembre. Ese día, los ejecutivos de uno de los equipos más tradicionales de Alemania, y que en toda su historia jamás ha sufrido la vergüenza (deportiva, se entiende) de descender a la Segunda división, inauguraron el primer cementerio íntegramente reservado a los hinchas y socios del club, una iniciativa con cierto parecido a la que el Athletic estudia poner en marcha en el nuevo San Mamés.
El 9 de septiembre, Michael Reichert, un ex miembro de la ejecutiva del HSV, vio coronado con éxito una titánica tarea que nació hace tres años, cuando recibió una llamada telefónica que le informó de que en el cementerio de Altona había una zona libre con una superficie suficiente para albergar unas 500 tumbas. «Se podría reservar el lugar para los hinchas del club», le dijo un tallador de lápidas al ejecutivo del Hamburgo.
Reichert supo de inmediato lo que tenia que hacer. Acostumbrado a recibir llamadas de los socios del club, que querían saber si era posible diseminar las cenizas mortales sobre la cancha o enterrar una urna en el punto que marca el centro del campo de juego, dos posibilidades que prohíbe la ley alemana, el ejecutivo comenzó a diseñar el proyecto más ambicioso de su carrera.
Hace un año, Reichert logró colocar la primera piedra del cementerio más exclusivo del país y el viernes pasado, el ahora ex ejecutivo del HSV mostró a EL CORREO su obra final, donde yacen ya los restos mortales de una mujer que quiso ser enterrada en forma anónima, pero que pidió que el lugar donde se encuentra la urna que contiene sus cenizas. esté marcado para siempre con plantas en forma de un rombo, que llevan los colores del club: el azul, el blanco y el negro.
El acceso al pequeño cementerio está marcado por tres pilares de hormigón que asemejan a una portería y el terreno destinado a las tumbas está dividido en tres niveles, una idea que pretende recordar las gradas de un estadio. «Decidimos colocar una sola portería, porque el que entra a este lugar ya no vuelve a salir», dice Christian Rechert. «Todos los hinchas que han expresado sus deseos de ser enterrados justifican su decisión por la cercanía que hay con el estadio», añade. Es cierto, El pequeño camposanto está ubicada a sólo pocos metros, en línea recta, del estadio y desde el apacible lugar, cubierto por césped sacado de la cancha, se puede vivir el ritmo del partido.
Desde 1.500 euros
«Desde aquí se podrán escuchar los gritos y los goles de nuestro equipo. Aún desde la ultratumba, el hincha podrá seguir el desarrollo de un partido», añade Reichert. «Somos el primer equipo de Europa en ofrecer un servicio de este tipo». Christian Reichert está doblemente orgulloso de su obra. El club de sus amores es el primer equipo alemán que ofrece un cementerio para los socios e hinchas y, algo raro en un mundo marcado por el dinero, el equipo no gana un solo centavo. Los hinchas o socios que deseen ser enterrados en el cementerio sólo deben pagar los aranceles que cobran todos los cementerios del país por el espacio de tierra, más una pequeña suma anual de mantenimiento. Los servicios funerarios, el ataúd o la urna para las cenizas se contratan en tres funerarias que ya tienen una licencia con el HSV.
Pero Reichert tiene un problema. Su equipo cuenta con 57.000 socios y el pequeño cementerio solo tiene cabida para 300 tumbas individuales o lugar para 500 personas, si se combinan las tumbas con las llamadas 'tumbas de equipo' que ofrecen espacio para 10 urnas. «Tenemos la posibilidad de expandirnos y construir una nueva tribuna», dice Reichert. Mientras llega ese momento, los interesados en descansar para siempre en la 'tribuna de la eternidad' tienen la posibilidad de comprar la llamada 'tumba doble' con espacio para dos ataúdes (10.000 euros) o un espacio en la 'tumba de equipo' (1.500 euros).
Aunque la injerencia del HSV en el cementerio para sus socios e hinchas llegó a su fin el día de la inauguración, el club tiene reservada una pequeña sorpresa para todas aquellas personas que decidan buscar el reposo eterno en el cementerio. «Tenemos una reserva de tierra del campo de fútbol del estadio, que se renueva cada cierto tiempo», dice Christian Reichert. «Es una oferta especial. En cada tumba habrá tierra original de la cancha».
Christian Reichert dejó de pertenecer a la ejecutiva del club, pero su corazón sigue latiendo al ritmo de los goles del HSV. A pesar de su amor por el club, el hincha tiene un problema existencial. «Me gustaria ser enterrado en el cementerio, pero la decisión depende de mi esposa. Aún tenemos mucho tiempo por delante para tomar una decisión», bromea
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