U n viaje me impidió asistir a la Asamblea de compromisarios del Athletic. La junta directiva o, por ser más preciso, el presidente Fernando García Macua, llevó esa tarde noche propuestas más que razonables para su discusión y aprobación. Pero los compromisarios no las aceptaron. Algunos aprovecharon para leerle la cartilla al presidente, que es lo que acostumbran, sea quien sea, y sea cual sea el tema tratado. Otros muchos, vieron peligrar su continuidad como compromisarios y observaron con pánico que su influencia en las siguientes elecciones iba a quedar mermada. Así, desde luego, resulta más que difícil gobernar. Porque una vez que la junta haya sido elegida, el compromisario debería realizar un esfuerzo para facilitar un poco la gestión y no limitarse a enredar. Pero parece que todo el mundo quiere tener su minuto de gloria aunque sea a costa de aburrir al resto y generar dificultades que no hacen sino añadir aún mayor peligro a la vitalidad de un club que está más que tocado.
Las propuestas del presidente están llenas de sentido común: el incremento de los presupuestos no me gusta nada, pero veo difícil que haya ningún otro camino para hacer frente a los gastos del club. Es así de simple. Por otro lado, la reforma de los estatutos es más que necesaria si no queremos que unas estructuras de funcionamiento completamente caducas y viejas acaben ahogándonos a todos. No es admisible que haya compromisarios que se vayan repitiendo durante lustros, ni que los sistemas de elección de la junta se parezcan a una justa medieval.
La masa social parece defender, aunque esto no lo sabremos nunca con certeza hasta que un candidato proponga en unas elecciones lo contrario, que una de las señas de identidad del club es su filosofía. Esto de la filosofía es algo muy difuso, pero a la hora de la verdad todos nos ponemos más o menos de acuerdo, sobre todo si el nuevo fichaje merece la pena, porque las filosofías siempre se han ido acomodando a las circunstancias. Además de mantener la filosofía, se quiere continuar jugando en Primera División. Pues eso, hoy en día, cuesta una barbaridad de dinero. Y alguien lo tendrá que poner. Por muchos ingresos extraordinarios que una junta sea capaz de conseguir, y ésta lo ha hecho, lo lógico es que el grueso de los costes recaiga sobre los propios socios. Cosa distinta sería que fuésemos asumiendo que ninguno de los dos principios es inamovible y que, o bien se puede cambiar de filosofía o bien no importa cambiar de división. Eso ya empezaría a ser más barato.
Porque nos guste o no, el Athletic ha pasado de ser un club deportivamente potente y económicamente apañadito, a ser un club deportivamente muy mediocre, pero extraordinariamente caro. Ese, y no otro, es el problema de fondo, aunque no nos guste reconocerlo. Un problema que no va a solucionar ninguna intervención divina. Problema nuestro, de los socios. Tenemos unos jugadores cuyo precio objetivo en el mercado es muy inferior a lo que les pagamos. Y pescamos en un mercado que no da para más: una sociedad satisfecha en la que el espíritu de sacrificio, si no se acompaña de pingües beneficios, no se valora demasiado.
Pero aunque ese sea el problema, y sea un problema irresoluble mientras no se afronte a las claras como tal problema, existen otros que se deberían solucionar. El del presupuesto para el próximo año es uno de ellos: no resulta difícil presentar un presupuesto formalmente no deficitario aunque todos sepamos que estamos haciendo trampas. Los maquillajes contables no son complicados, pero tienen fecha de caducidad y, si no hay dinero, al año siguiente, o al siguiente, o al otro, habrá que pagar más. Cuando todo estalle como han estallado los bancos tramposos. No es bueno engañarse a uno mismo. La reforma de estatutos es el otro problema: difícilmente podía haber presentado García Macua otra propuesta más asumible. Y contaba para ello con un magnífico grupo que mezcla preparación técnica, experiencia en la gestión y conocimiento del mundo del fútbol. Lo que ha sucedido es un ejemplo de victoria pírrica. Tenemos que tener un cierto criterio democrático y facilitar la renovación de compromisarios. Ver caras nuevas, vaya. Lo mismo vale decir de la junta: esas peregrinaciones a la búsqueda del carnet en vísperas electorales son la muestra palpable de que las cosas se deben hacer de otro modo. ¿Por qué razón un socio no va a poder apoyar a dos candidatos, si piensa que cualquiera de ellos puede ser adecuado? Otra cosa es a quién vote después. Llevamos años trabajando con ese sistema en otras instituciones, y se ha demostrado que en este punto al menos es más que eficiente. No son estos dos los problemas centrales, como digo, porque el problema central es más un tabú que un problema, pero es bueno intentar solucionar al menos algo. Y no decir a todo que no, porque es como escupir al cielo.
Pello Salaburu fue directivo del Athletic entre 2004 y 2006.
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