Se asustó la afición rojiblanca con la derrota del Athletic en Sevilla, y el entrenador prometió trabajo. «Si hace falta, lo triplicaremos», lanzó ante micrófonos, cámaras de televisión y un remolino de periodistas tomando notas en sus libretas Joaquín Caparrós, que poco antes había concedido dos días libres a la plantilla, tras haber disputado tres partidos en diez días.
Ayer, en la vuelta a Lezama, el utrerano tenía preparado un entrenamiento más largo de lo habitual, que sustituyó a la brevedad cotidiana de la primera sesión de la semana, que para los titulares no supone más de media hora de trabajo. O lo que es lo mismo, un par de vueltas al campo a ritmo relajado, estiramientos y a la ducha.
Ayer, sin embargo, Caparrós rompió esa tradición tras una temporada en el banquillo rojiblanco. A pesar de la constante y fuerte lluvia, el preparador rojiblanco obligó a sus jugadores a embarrarse por la mañana en un entrenamiento de casi dos horas -por la tarde, además, volvió a convocar a sus jugadores-. Sólo se libraron del castigo Andoni Iraola, convocado por la selección española; y los lesionados Javi Martínez, Ander Murillo y Joseba Etxeberria, que se limitó a dar unas vueltas al campo número uno de las instalaciones, mientras sus compañeros sudaban sobre el césped junto a los canteranos Ander Iturraspe y Xabier Etxeita.
El técnico rojiblanco dividió la plantilla en tres grupos. Dos de ellos se enfrentaban en un partidillo mientras el tercero recorría un circuito por el que tenían que conducir el balón a diferentes velocidades. ¿Qué se pudo sacar en claro de las 'pachangas'? Poco, si acaso que David López ha aumentado la intensidad de su juego no sólo en los partidos, que Pablo Orbaiz sigue dando muestras de haber dejado atrás sus problemas físicos, que Armando Ribeiro está aliado con los palos hasta en los entrenamientos, y que Íñigo Vélez, incorporación del verano olvidada en lo que va de Liga por Caparrós, va mejorando de forma y empieza a marcar goles de los que gustan al técnico (de los de «zapatazo» al balón nada más recibir la pelota en el área).
Dos excepciones
A la hora de trabajo, Mikel Balenziaga y Fran Yeste se marcharon. El resto, excepto Gorka Iraizoz, que abandonó la sesión para ir al gimnasio, siguieron trabajando en el exterior bajo la lluvia hasta casi completar dos horas de entrenamiento, algo inhabitual en las sesiones de semanas anteriores, donde las sesiones eran mucho más suaves. «Si hace falta más, trabajaremos más». Y así fue ayer en la primera sesión tras el batacazo del Sánchez Pizjuán.
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