Athletic. Una palabra que representa algo único. Ocho letras
que son el orgullo de una afición entregada. Un himno que enardece a un pueblo.
Dos colores que despiertan la pasión.
Al Athletic no se le puede definir. Ni siquiera entender.
Sólo hay que sentirlo. Dejarse llevar por todo lo que representa -lo bueno y lo malo-, y sentirlo. Dentro, muy
dentro. En la cabeza, en el corazón y en el alma. Como lo sienten centenares de
miles de personas. Como a una novia, como a un novio. Capaz de hacernos inmensamente
felices con sus triunfos y profundamente desgraciados con sus derrotas. De
pasear 'La Gabarra'
por la ría flanqueado por medio millón de seguidores o de asomarse al
precipicio del descenso hasta la última jornada acompañado, eso sí, por el
mismo número de fieles para evitar su caída.
Un sentimiento que generación tras generación
desde hace 110
años pasa de padres a hijos. Un sentimiento religioso que se oficia en
'La Catedral' de San Mamés,
donde la liturgia del fútbol y el ritual de los cánticos, alabanzas y plegarias
unen en comunión a equipo y afición bajo un único mandamiento:
"Amarás al
Athletic por encima de a cualquier otro equipo".
Cómo se puede definir a un club al que a sus jugadores les
llaman
'leones' y que tiene entre los hombres que han vestido su rojiblanca camiseta al que dio nombre al
trofeo que distingue al máximo goleador de la Liga española, Rafael Moreno
'Pichichi'; al que
con su famoso grito de "A mí, Sabino, que los arrollo" dio origen al
sobrenombre de la 'Furia española' para la selección nacional,
'Belauste'; al
que todavía hoy y después de más de 70 años ostenta el mejor promedio goleador
de la Liga,
Agustín Sauto Arana,
'Bata'; a quien posee el récord de máximo goleador en una
temporada y máximo goleador total de la
Liga, Telmo Zarraonaindia
'Zarra'; al jugador que más goles
ha marcado en un solo partido de Copa, 8,
'Piru' Gainza; a un portero campeón
de Europa con la selección española, José Ángel Iribar, el mítico
'Chopo'; y a
otro campeón de Europa de clubes aunque, desgraciadamente, fuera con otro
equipo, Andoni
Zubizarreta. Sencillamente, impresionante.
Los datos, siempre fríos aunque en el caso del Athletic
estén escritos con letras de oro, dicen que es un club centenario nacido en
1898. Hijo de una incipiente burguesía vizcaína seducida por fornidos marineros
británicos, que en calzón corto perseguían un pelotón de cuero en la hoy
conocida, y por aquel motivo, como Campa de los Ingleses. Un club que cuenta en
su palmarés con
8 campeonatos de Liga, 7 subcampeonatos,
24 campeonatos de
Copa, 11 subcampeonatos, una Supercopa de España y un subcampeonato de la Copa de la UEFA.
Un equipo siempre de Primera y que siempre ha jugado con
hombres de la tierra o formados en ella. Un equipo, como se decía en la década
de los 50 del pasado siglo, de ‘once aldeanos’. O, como escribió una vez el
prestigioso periódico deportivo francés ‘L’Equipe’, “un caso único en la
historia del fútbol mundial”. Por eso, el Athletic no es únicamente un club de
fútbol, es un modo diferente de ver el deporte, es una filosofía de vida es, en
definitiva, y como decíamos al principio, un sentimiento imposible de definir
pero bello de vivir.